—Más bien yo no estoy al nivel de estos señores —respondió Gloria, esquivando la trampa.
Pero Martina ya traía otra lista.
—Mira, desde que entraste alguien se fijó en ti. Me pidió que te lo presentara. A él no le importa tu origen ni tu posición. Te lo presento de una vez.
Martina se giró y levantó la mano hacia algún lado.
Entre la gente salió un hombre de traje gris oscuro, de casi cuarenta.
Traía unos lentes de armazón negro, de esos anticuados. El cabello, lleno de gel, le brillaba como recién peinado.
La piel áspera bajo la sombra de la barba dejaba ver la edad sin disimulo.
—Señor Salazar, ella es la señora Loyola… la que le dije que estaba muy interesada en usted —le susurró Martina a Andrés Salazar—. No viene de la mejor familia, pero es capaz y además es mucho más joven. Aproveche.
La mirada de Andrés casi se le pegó a Gloria.
—Ya entendí.
Le contestó a Martina sin ganas.
Martina lo llevó hacia Gloria.
—Gloria, él es el señor Salazar, de Grupo Rock.
Si hubiera sido un junior cualquiera, Gloria habría buscado un pretexto y se iba.
Pero él también era del mundo de los negocios.
Gloria extendió la mano.
—Señor Salazar. Soy Gloria, de la filial de Holding Rivadeneira.
—Señora Loyola. —Andrés le apretó la mano suave y blanca, y se le abrió una sonrisa.
—Platiquen. Yo voy a atender a otros invitados.
Martina le dio unas palmaditas en el hombro a Andrés y, con una mirada insinuante, se fue.
Andrés ni la volteó a ver. No dejaba de mirar a Gloria.
Era un hombre muy rico. De joven se mató trabajando y dejó la vida sentimental para después.
Ahora, cerca de los cuarenta, era extremadamente exigente.
Las mujeres que iban por su dinero no le interesaban.
Y con las que no iban por el dinero, siempre les encontraba un “pero”.
Se vendió con empeño, intentando recuperar su interés.
—Mis papás ya fallecieron. Soy hijo único. Usted sabe el nivel de Grupo Rock. Casarse conmigo no es mala idea. Y por lo que veo, usted no es una mujer interesada. Si se casa conmigo, pues… hacemos familia. Y en el trabajo también puede ayudarme…
Gloria llevaba tiempo en Río Alicante, y por fin entendía al cien por ciento al primer “típico” de ahí.
Andrés se tomaba lo de conseguir esposa con más seriedad que el trabajo.
Martina seguro le dijo que Gloria quería conocerlo con intención de salir.
Por eso él se estaba “abriendo” así, como si estuvieran negociando un compromiso.
—Señor Salazar, disculpe, yo…
—Mire, no me rechace tan rápido.
En cuanto escuchó “disculpe”, Andrés supo que Gloria ya se estaba echando para atrás.
Pero quiso insistir; entre tantos encuentros, rara vez encontraba a alguien que de verdad le gustara.
—Seamos amigos primero. Intercambiemos contacto y nos vamos conociendo.
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