Mirella regresó al área de secretarias todavía molesta.
Lo del compromiso de Federico e Irene ya era tema de todos, pero seguían sin decir una fecha exacta.
Por cómo se veía Irene de contenta, ya debía de estar cerca.
Irene decía que no le importaba que Gloria se quedara, pero era obvio que no la iba a tolerar.
Gloria miró la puerta cerrada de la oficina. Había gente más desesperada que ella… tal vez ya no tenía por qué apresurarse tanto.
Con eso en mente, se puso a trabajar.
Media hora después fue la junta de directivos.
Federico salió de su oficina rumbo a la sala de juntas.
De reojo vio a Gloria tomar su libreta y seguirlo. Sin darse cuenta, el ceño que traía fruncido se le aflojó.
Mientras estuviera en el puesto, Gloria siempre trabajaba con seriedad.
En dos o tres días seguidos no mostró ni tantito esa actitud de “ya me iba, pero no pude, así que me vale”.
Federico tampoco tocó el tema. Fuera de lo necesario por trabajo, los dos actuaban como si nada.
Lo que sí sorprendió a Gloria fue que Federico le pasó a ella gran parte del trabajo que antes hacía Pablo.
Pablo empezó a enfocarse más en coordinar a los departamentos, y ella se encargaba sobre todo de llevarle las cosas directamente a Federico.
Dos noches seguidas, Gloria acompañó a Federico a compromisos de trabajo.
En esas cenas de brindis tras brindis, sin Pablo para hacerle el paro con las copas, Gloria no podía tomar porque manejaba; así que Federico terminó tomando bastante.
Pero por más que bebía, no llegaba al punto de aquella vez, antes de fin de año, cuando perdió la cabeza y la besó a la fuerza.
A las once de la noche, el Maybach se detuvo frente a Quinta Los Alhelíes.
Apenas se estacionó, la puerta de la casa se abrió y una figura salió corriendo.
Gloria estaba por bajar del carro, pero Irene se le adelantó y ya había abierto la puerta trasera.
—Fede, ¿por qué llegas tan tarde?
Irene se colgó del brazo de Federico y miró a Gloria con recelo.
Federico carraspeó; traía la voz ronca.
A Irene se le hundió el estómago.
Lo que temía, al final, sí estaba pasando.
No era que Gloria no quisiera irse… era Federico el que la estaba reteniendo.
—Señorita Orozco, ya es tarde. Vaya a descansar —dijo Gloria, sin alargarlo.
Subió la ventana y arrancó.
Irene no iba a permitir que las cosas se salieran de control.
Sacó el celular y le marcó a Alicia.
—Señora Vallejo, ¿qué significa esto? ¿No me diga que Fede todavía no supera a Gloria?
A esa hora, Alicia ya estaba dormida, pero al escuchar el nombre de Gloria se despertó en seco.
—¿Cómo que “no la deja irse antes de que termine el contrato”? ¿No será un pretexto de Gloria? ¡Federico no tendría por qué retenerla!
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