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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 423

—¿Raúl? —Gloria la volteó a ver.

—Sí. En el hospital trae doble turno: gine y pediatría. Me metí por “la puerta de atrás” para que nos metiera en la agenda. Así todo es más fácil.

Virginia le guiñó un ojo.

—¿A poco no soy lista?

Gloria guardó silencio unos segundos.

—Pero yo me acuerdo perfecto que antes ni te pelaba.

—Últimamente anda demasiado atento. Desde que salí del hospital me manda mensajes todos los días “para ver cómo sigo”. Igual trae otras intenciones, pero yo no soy tonta: sin dejarme ver la cara, también me conviene. ¿Qué tiene?

Virginia sonrió, bien satisfecha consigo misma.

Gloria le bajó el aire.

—Mira, si crees que le vas a ganar a Raúl en listo… yo digo que ni a un tercio le llegas.

—Te pasas. Aunque yo fuera medio mensa, sí me doy cuenta de lo que quiere sacarme. Si ya sé cuál es su tirada, ¿cómo me va a sonsacar?

Virginia le puso cara de “ya ni la muelas”.

—Yo no te voy a vender, eso tenlo claro.

Gloria sabía que no.

Pero Raúl le daba una sensación rara.

No era exactamente “malo”… pero tampoco le inspiraba confianza.

—Oye, yo estuve preguntando de Raúl. Está cañón lo que le pasó; si no fuera porque Federico se llevaba bien con él, ya lo hubieran hundido. Por eso después se partió la madre por Federico. Lo de ellos es amistad de las de verdad.

A Virginia le interesaba bastante Raúl.

Aunque su “interés” era otro:

—Tú dime una cosa… ¿Raúl será gay?

—No sé. No lo trato —Gloria negó con la cabeza.

—Es que tantos años y su único amigo es Federico… ¿y si está enamorado de él?

Virginia no soltaba el tema.

—Federico está guapo; le gusta a todo mundo. Yo digo que Raúl sí podría estar bien clavado. No, ¿sabes qué? Tengo que averiguar si a Raúl le gustan los hombres.

Gloria casi no tenía recuerdos de Raúl.

—Ah… ¿y qué fuiste a hacer? —leyó Mirella, palabra por palabra, según él le iba escribiendo.

—Estoy en el hospital, haciéndome un chequeo.

Federico volvió a escribir. Mirella volvió a leer, toda tiesa:

—Que qué tipo de chequeo, y si necesitas ayuda.

Gloria se quedó sin palabras.

Federico soltó la pluma, con la cara endurecida.

—Ay, no, perdón… o sea, te pregunto que… yo… —Mirella se enredó.

—En unas dos horas estoy en la oficina. Dile al señor Córdoba que disculpe —respondió Gloria de inmediato.

Ya le había quedado clarísimo: Federico estaba ahí, junto a Mirella.

—¡No! —Mirella se apresuró—. ¡El señor Córdoba no está aquí conmigo!

Federico se apretó el puente de la nariz con dos dedos, tenso.

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