—Ah, ¿y si sí lo quiere, tú te vas a hacer cargo o qué? —Virginia lo miró como diciendo “qué fácil hablas”.
A Raúl se le fue un movimiento en la mano. Por instinto quiso agarrar el celular y abrir la grabadora.
Pero Virginia ya había cambiado el tema.
—Ya, ya. Solo dime qué trae Gloria en la panza. ¿Sí o no?
Raúl se quedó quieto, la miró y luego apartó la vista.
—No tengo nada que decir.
—Pinche Raúl —murmuró Virginia, y se salió con el ultrasonido en la mano.
Del otro lado, Gloria ya había terminado el análisis y se preparaba para ir a la empresa. Le marcó a Virginia para decirle que se regresara a casa.
Virginia, en cambio, manejó hasta la entrada de la empresa y esperó por ella. Insistió en llevarla.
—Federico rechazó mi renuncia. Tengo que ir a ver qué onda —dijo Gloria, inclinada afuera de la ventana, sin subirse; si no, iba a perder un buen rato.
—Súbete. Te tengo que decir algo —Virginia le hizo señas.
Ante tanta insistencia, Gloria se subió.
—¿Qué? ¿Sí le sacaste si es niño o niña?
Virginia aceleró y se metió al flujo de carros.
—¿Quieres saber?
Cuando ella estuvo embarazada, hizo de todo por enterarse.
Pero Gloria llevaba meses y ni curiosidad mostraba, así que Virginia pensó que no le importaba.
—Porque si me lo hubieras dicho antes, yo hasta le rogaba a Raúl con tal de que me dijera.
Gloria negó.
—No hace falta. No es que me muera por saber. Me da curiosidad lo que me ibas a decir.
Virginia levantó las cejas y le aventó una mirada emocionada.
—Raúl dijo que sabe que el bebé es de Federico. Y que, por cómo conoce a Federico, si tú se lo dices, no necesariamente va a querer al bebé. ¿Te imaginas? Capaz que se casa con Irene y a ti te suelta una pensión de esas absurdas.
Con lo que Federico “dejara caer”, a Gloria y al niño les alcanzaba para vivir sin preocuparse jamás.
La diferencia de dinero era brutal; para ellas, eso sí era una cantidad impensable.
Virginia se puso pálida.
—Yo justo iba a esperarme a que entraras para marcarle y mentarle la madre…
Con lo que Gloria le dijo, entendió tarde que si lo insultaba era darle una segunda confirmación.
—No le marques. Regrésate a casa.
Ya en la entrada, Gloria se bajó y le repitió un par de veces.
Virginia era impulsiva, pero por lo menos sí hacía caso.
Todavía había forma de componerla.
Gloria entró a la empresa.
Apenas se fue, a Virginia le entró una llamada de Raúl.
—Señorita Reinoso, lo de hace rato… lo de decirle a Gloria que hablara con Federico, ¿se lo dijiste?
Virginia, en el carro, apretó el puño y se mordió los dientes. Por dentro lo estaba maldiciendo: tal cual como Gloria lo predijo.
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