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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 426

Pero se hizo la inocente.

—¿Hablar de qué?

—Pues… de hablarle claro de que el bebé que trae es de—

—Doctor Esquivel, no sé de qué está hablando.

Virginia sonaba “inocente”, pero traía el coraje atorado.

—¿Qué tiene que “hablarle claro” Gloria a nadie? ¿De qué bebé?

Del otro lado, Raúl guardó silencio unos segundos.

—Entonces fui yo el que entendió mal. Disculpa la molestia, señorita Reinoso.

—No, hombre, encantada de que el doctor Esquivel me moleste —dijo Virginia, con un tono cargado de veneno—. Nada más qué raro que el doctor se “confunda” tanto y todavía se tome la molestia de marcar…

Raúl la dejó hablar. Esa boca era filosa.

Cuando se cansó, él terminó la llamada.

***

En la sucursal de Holding Rivadeneira, en el último piso, en la oficina del director general.

Gloria llegó en el peor momento: Federico estaba hablando con Santiago Muñoz.

Se regresó a su oficina a esperar… y se le fue toda la mañana.

Cerca del mediodía, Federico salió. Por la pinta, no habían terminado: iban a seguir la plática mientras comían.

—Señora Loyola, ¿no que iba a renunciar? —Santiago la vio y fue el primero en hablar.

Gloria asintió apenas, como saludo. No le siguió el juego. Miró a Federico.

—Señor Córdoba, ¿tiene un momento para hablar a solas?

La mirada de Santiago se puso alerta.

—¿Y qué cosa tan importante tiene que decirle a solas? El señor Córdoba está muy ocupado.

Desde que se volvió el “lamebotas” de Federico, Santiago hablaba más golpeado que antes.

Y Federico, encima, le estaba dando cuerda.

—Tiene razón Muñoz. Si vas a decir algo, dilo en la mesa —dijo Federico.

Santiago soltó, casi sin pensar:

—Señor Córdoba, pero la señora Loyola ya va de salida. No es conveniente que escuche lo que estamos hablando.

—Vámonos —dijo Federico, caminando hacia el elevador.

Santiago lo siguió, agachón, y se adelantó a presionar el botón.

—Yo ya comí antes, no tengo hambre. Vaya usted con el gerente Muñoz. Yo me espero a que regrese —dijo Gloria.

No se subió. Se volvió a su oficina.

Federico se fue con Santiago.

La comida duró como dos horas. Hasta entonces Federico regresó.

En cuanto llegó, marcó a la extensión interna:

—Ven.

Gloria se levantó y fue a su oficina.

—Señor Córdoba, lo de la renuncia va en serio. Ya lo he pedido varias veces. Esto hay que resolverlo de frente. Yo—

—Mi abuela me habló para decirme que te cuidara. Y también dijo que si renunciabas, te diera dos millones de pesos.

Federico entrelazó los dedos y los apoyó sobre el escritorio. Su tono fue frío y directo.

—¿Tú crees que te voy a dejar ir así nada más?

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