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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 438

—¿Me estás preguntando a mí? —soltó Federico.

Pablo se quedó callado.

La actitud de los Mendizábal con Gloria era rara.

Pero si querías investigar, necesitabas una línea de la cual jalar; si no, no había por dónde.

—Revisa todas las posibilidades que se te hayan ocurrido. Todas —ordenó Federico, con calma, como si no acabara de aventarle una carga enorme.

A Pablo le dieron ganas de pedir tregua, pero se tragó las quejas. Sabía que no servía de nada.

Él podía estar hecho pedazos y a Federico le daba igual; Federico solo quería resultados.

—Sí, señor.

Tocaron la puerta de la oficina. Federico colgó y dijo, seco:

—Pasa.

Mirella entró, nerviosa.

—Señor Córdoba… la señora Vallejo está aquí.

—¿Quién? —Federico frunció el ceño y volteó.

—La señora Vallejo —repitió Mirella.

Apenas terminó de decirlo, Alicia empujó la puerta entreabierta y entró con paso firme.

—¿Qué? ¿No te da gusto que venga tu mamá?

Federico le hizo una seña a Mirella para que saliera, y ella se fue de inmediato.

—¿Por qué no avisó que venía?

Alicia se quedó en medio de la oficina, mirando alrededor.

—Quería caer de sorpresa, a ver si no andas haciendo porquerías.

Federico se sentó detrás del escritorio.

—¿Y yo qué porquerías voy a andar haciendo?

—Si no andas haciendo nada, ¿por qué sigues en Río Alicante y no te regresas? —Alicia se sentó frente a él—. Lo de la boda ya lo dejamos casi listo entre tu suegra y yo. Y tú te vienes acá a esconderte… Me dijeron que Irene vino y ni siquiera la llevaste a cenar como se debe. ¿Qué pasa?

—Traigo mucho trabajo —respondió Federico.

Alicia chasqueó la lengua.

—¿Mucho? Si hasta a Gloria ya la mandaste de licencia y el proyecto grande se lo dejaste a Santiago Muñoz. Eso me dice que aquí no estás tan ocupado.

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