Jaime estiró la mano para estrechársela, pero como si se acordara de algo, se la talló con fuerza en la ropa un par de veces.
—Claro, claro. ¡Yo te respaldo!
Gloria había terminado cayendo con Jaime casi de rebote.
Para ella, fue inesperado.
Para Jaime, fue como sacarse la lotería.
—Tú quédate tranquila con tu licencia de maternidad. Yo hablo con mi familia.
Jaime no quería esperar a que la familia Granados fuera a buscar a Gloria para hacerle un problema; prefería dejarlo claro desde antes.
—Va. Cuando esté la comida te marco.
—Hecho. Y no salgan a comprar nada; yo mando que lo lleven. Soy tu jefe, ¿cómo voy a llegar a comer de gorra?
Jaime casi no podía esconder la sonrisa.
—¡Métete y espérate!
Dicho eso, se dio la vuelta y corrió hacia su casa.
Gloria ni alcanzó a detenerlo.
Solo le quedó regresar y frenar a la señora para que no fuera por los ingredientes.
En menos de una hora, llegaron cosas para el guiso… el doble de lo que habían planeado.
Y para ese momento, ya había salido la noticia: Gloria renunciaba a Holding Rivadeneira y entraba a Grupo Larrinaga.
Los de afuera solo veían el chisme y pensaban que Gloria era una fregona: embarazada, a punto de dar a luz, y aun así el Grupo Larrinaga la “fichaba” y la mantenía; debía ser muy capaz.
Los que sí entendían del medio leían otra cosa: el bebé que Gloria llevaba, con toda probabilidad, era de Jaime.
Se la llevaron, Holding Rivadeneira quedó mal parado y se metió en una polémica.
Pero para Alicia fue una buena noticia: ella cargó con los reclamos de los directivos y calmó a los viejos de Belgrano Norte.
—La neta… la mamá de Federico sí aguanta vara —dijo Jaime, con un alcoholcito encima, comiendo el guiso calientito y feliz—. La mía, si pasa algo, nomás me hunde más.
Gloria comía mientras checaba el rumbo de las noticias.
En general, sí afectaba un poco a Holding Rivadeneira, pero no tanto.
Porque el chisme de “¿de quién es el bebé?” se tragó el impacto empresarial.
—Cuando tu hijo salga igual de irresponsable, va a ser por ti.
Virginia puso los ojos en blanco.
—O igual su papá es peor que yo.
—¿Y quién es el papá? —Jaime de pronto se acordó de algo—. ¿Cómo tuviste al niño?
—Fecundación in vitro —dijo Virginia, acariciándole la cabeza al bebé—. Elegí el mejor donante: egresado de una escuela de medicina top, mide uno ochenta y dos, inteligente, guapo…
—Ahí sí te falló, la neta. Gloria fue más lista.
Jaime le levantó el pulgar a Gloria.
—En la vida real, un hombre de calidad es el que ves, el que conoces. De esos donantes, ¿quién sabe qué onda? Nadie sabe. ¿Y si tiene antecedentes? ¿Y si es violento desde nacimiento? ¿Un pinche rarito…?
Virginia sacó una papa hirviendo de la olla y se la metió a la boca.
—¡Cállate!
—¡Agh! —Jaime se quejó con la boca quemada.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA