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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 472

—Raúl, ¿tú sí atiendes partos? —preguntó Virginia, acercándose—. ¿Tú vas a recibir al bebé de Gloria?

Raúl se levantó, metió las manos a los bolsillos.

—Yo no me encargo de partos naturales. A veces entro a cesáreas. Pero no se preocupen: voy a asignarle a la señorita Loyola a un obstetra con experiencia en parto natural.

Virginia se sorprendió.

—¿No se supone que para un doctor todos los pacientes son iguales? ¿Entonces por qué tú no haces partos naturales?

—No hay por qué —dijo Raúl, serio—. Y no voy a hablar del tema.

—Doctor Esquivel, quiero pedirle un favor.

Como él no cedía, Virginia cambió de tema:

—¿Usted conoce a alguien en el hospital de Belgrano Norte?

Raúl la miró desde arriba.

—Primero dime qué necesitas.

—Yo… quiero encontrar a alguien.

Virginia titubeó y luego lo soltó:

—Este bebé lo tuve por fertilización. El papá donó… en el hospital, y yo lo elegí. ¿Usted podría…?

Raúl no se esperaba eso.

Antes de que terminara, la interrumpió:

—No. El área de donación en Belgrano Norte es muy estricta. No deberías intentar romper esa regla.

—Híjole… —Virginia se desinfló, y además le molestó que Raúl la dejara así de seco.

No existía algo como un secreto perfecto: por más estrictos que fueran, seguro había maneras de torcer reglas.

—Si la señorita Loyola tiene dudas, puede preguntarme por Messenger cuando quiera —dijo Raúl, pasando junto a Virginia y dirigiéndose a Gloria.

Gloria miró a Virginia y luego a Raúl.

—Gracias, doctor Esquivel.

Dicho eso, jaló a Virginia para irse.

Ya fuera del consultorio, Virginia se acomodó la ropa y soltó una risita con desdén.

—Yo digo que ni conoce gente ni tiene contactos. He oído que en su familia no lo pelan.

Gloria bajó la voz.

—¿Qué quiere saber?

—Quiere saber si el bebé es niño o niña.

Del otro lado hubo un silencio largo. Federico preguntó:

—¿Qué es, entonces?

—Eso es privacidad del paciente. No puedo decirlo —Raúl habló con firmeza—. Aunque seamos cercanos, no.

—Entonces tú resuelve cómo manejar a los Mendizábal. Si por esto Gloria se mete en problemas, te voy a pedir cuentas.

Federico soltó eso y colgó.

Le aventó el problema a Raúl… y lo peor era que además no podía meter a Gloria en líos.

Raúl no sabía cómo responder sin provocar consecuencias.

El celular volvió a sonar. En el consultorio silencioso, se oía como una alarma.

No le quedó de otra que contestar.

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