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Era Presa, también Cazadora romance Capítulo 10

En la oficina del director.

Esta vez el aura del lugar era un mundo completamente distinto. El director en persona esperaba callado, de pie en un rincón con respeto absoluto.

En el sofá estaba reclinado un hombre que no encajaba con el entorno.

Tenía unos veinte años, iba enfundado en un traje informal, obviamente caro, sin corbata y con los primeros botones de la camisa al aire libre. Sus rasgos faciales eran apuestos, aunque transmitía una esencia pícara y descarada; la languidez de su mirada no le quitaba ni un gramo de ferocidad, igual a una pantera que vigilaba sus territorios.

El segundo joven señor de la familia Chávez, Leonardo Chávez.

Se encontraba holgazaneando recostado en el respaldo del sofá, con las piernas largas cruzadas y, apenas entró Belén, le lanzó una escaneada de los pies a la cabeza sin el más mínimo pudor.

Estaba evaluándola de manera provocativa y relajada. Pero, cuando la vista recayó sobre el raspón en la cabeza de la joven, frenó en seco.

—¿Esta es la hermanita vagabunda que tantas penurias ha pasado todo este tiempo? —Su tono fue pausado, adornado con un matiz cómico y burlón.

El director se apuró a presentarlos, detallando los porqués, y le soltó de sopetón a Belén que ella era, con gran probabilidad, la hija de sangre que la familia Chávez había extraviado diez años atrás por error.

La muchacha escuchó las palabras con los ojos muy abiertos; el rubor delicado de durazno que bañaba sus cachetes desapareció casi de inmediato. Su cuerpo entero se quedó de hielo.

—Eso... ¿Cómo puede ser verdad?

Con un nerviosismo desenfrenado, paseó la mirada hacia Leonardo intentando obtener un sí rotundo, pero al toparse con el aspecto de aquel forastero, retrocedió intimidada. Sus labios gruesos y jugosos intentaron atrapar una bocanada de aire; pero sus lamentos mudos parecían atascados en la faringe.

Leonardo arqueó las cejas, pareciendo bastante interesado en su reacción. Esbozó una sonrisa:

—¿Qué pasa? El puesto de la hija de los Chávez es algo que muchos desean, ¿y tú no estás contenta?

La respiración de la chiquilla vibraba. Apretaba la punta de sus dedos que se tornaban blancos de la fuerza que aplicaba, mientras buscó valor para soltar:

—¿Y en qué momento tomaron mis muestras de sangre para las pruebas de ADN? ¡Es una locura! ¿Por qué debería tragarme este cuento?

Mientras terminaba de decir eso, sacudió el cabello como un alma desconsolada y arrinconada.

La realidad, sin embargo, era que estiraba sus palmas al oficial de policía que estaba ahí, cediendo esos delgados cabellos arrancados de Isabela, y ordenó:

Capítulo 10 1

Capítulo 10 2

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