El salón de clases estaba extrañamente tranquilo.
Cuando Belén Campos entró, los murmullos se apagaron de golpe.
Innumerables miradas se clavaron en la gasa de su frente.
Curiosidad, lástima.
Y claro, sobre todo, burla.
Belén hizo oídos sordos a todo eso y caminó directamente hacia su asiento.
La chica de al lado, con las mejillas sonrojadas y suspirando como una colegiala enamorada, le dijo:
—Belén, tu hermano acaba de venir a traerte medicina.
La chica recordó lo amable que se había mostrado Julián Campos al hablarle hace un momento, y se sintió un poco tímida.
Después de todo, Julián era el chico más guapo y popular de Villa del Sur, incluso más famoso que Marcelo Zamora.
Una figura destacada, con un montón de admiradoras.
Aunque no tenía tanto dinero como los Zamora, Julián era un estudiante excelente.
Quizás en el futuro abriría su propia empresa y se convertiría en el típico director ejecutivo frío e inalcanzable de las novelas.
Qué lástima que la hija del director de la escuela se le hubiera adelantado.
Mientras más lo pensaba, más se lamentaba la chica.
Si pudiera tener un romance de juventud con un chico como Julián, presumiría de ello toda la vida.
Belén tenía mucha suerte de tener a un hermano tan perfecto, y en el pasado también había sido consentida por Marcelo Zamora.
—Belén, ¿tu hermano sigue saliendo con la hija del director?
Belén, que estaba guardando sus cosas en la mochila para irse a casa, se detuvo un momento y, tras una pausa, respondió con frialdad:
—No lo tengo claro, no lo sé.
—Oh... —La chica parecía no poder aguantar las ganas de chismear y, con un tono de intriga, bajó la voz y añadió—: Belén, Marcelo Zamora e Isabela Rojas faltaron a clases hoy. Dicen que Isabela se sentía mal y Marcelo la llevó al hospital.
Los movimientos de Belén no se detuvieron ni un segundo.
Como si los nombres que acababa de escuchar no tuvieran nada que ver con ella.
Metió la medicina que Julián le había traído en la mochila y luego metió la mano en el cajón de su escritorio, tanteando con las yemas de los dedos entre los libros y exámenes desordenados.
Finalmente, tocó un objeto frío y liso.
Lo sacó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Era Presa, también Cazadora