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Error de Noche, Doctor de Día romance Capítulo 1

Suite presidencial.

El suelo estaba cubierto de ropa de hombre y de mujer, incluso la lencería estaba enredada en el piso.

Un ambiente íntimo y ardiente impregnaba toda la habitación.

En la cama, dos cuerpos desnudos estaban pegados el uno al otro, sin dejar el más mínimo espacio.

La piel de la mujer era blanca y suave como la porcelana, un tesoro cálido y delicado.

El hombre tenía una piel bronceada y saludable, con músculos definidos y firmes que irradiaban una sensualidad natural.

Los brazos que la sostenían a ambos lados estaban tensos, con los músculos marcados y las venas resaltadas, demostrando una fuerza impresionante.

Alba Flores, agotada por el hombre que la dominaba, tenía el rostro sonrojado y la respiración agitada mientras suplicaba en voz baja.

—No, ya es suficiente…

—Te lo ruego…

Su ruego, con la voz entrecortada, no despertó la compasión del hombre. Al contrario, pareció incitarlo a ser aún más rudo.

***

Hoy era el cumpleaños de su mejor amiga.

La celebración era en un hotel y Alba había sido invitada.

Como bebió de más, su amiga tuvo la amabilidad de conseguirle una habitación para que descansara.

Pero jamás imaginó que se equivocaría de cuarto, se metería en la cama equivocada y terminaría enredada con el hombre que ahora estaba sobre ella.

Perdió la cuenta de cuántas veces la había hecho suya.

Sentía que moría y revivía una y otra vez.

No fue hasta que el cielo comenzó a clarear que todo llegó a su fin.

***

Diego Montenegro no esperaba que la chica bajo él fuera tan exquisita. Le hizo perder el control una y otra vez, como si fuera una droga adictiva.

Esa noche tenía una reunión de negocios y, tras beber de más con varios socios, decidió quedarse en la suite presidencial del hotel.

Solo entró al baño para darse una ducha rápida, pero al salir, encontró a una mujer acostada en su cama.

Llevaba un vestido rojo que contrastaba con las sábanas blancas, como una rosa roja en plena floración, emanando un aroma seductor.

Diego frunció el ceño.

«¿Qué socio le había vuelto a meter una mujer en la cama?».

¿Acaso no sabían que no le interesaban las mujeres?

Todas las que le habían enviado antes habían sido expulsadas sin la menor contemplación.

Esta no sería la excepción.

Sin embargo, no contaba con que la mujer estuviera completamente borracha, casi inconsciente.

Por más que intentó despertarla, ella no reaccionaba.

Simplemente se había adueñado de su cama sin el menor reparo.

Diego sintió el impulso de tirarla al suelo.

Pero su refinada educación le impedía cometer un acto tan ruin y poco caballeroso.

Así que la empujó hacia un rincón de la cama y se acostó a su lado, dispuesto a aguantar por una noche.

—Esto lo empezaste tú…

Sin dudarlo, selló sus labios suaves y delicados.

El sabor era increíblemente dulce.

Era fácil volverse adicto.

Después de tantos años de abstinencia, sin haber probado nunca a una mujer, pensó que seguiría así indefinidamente. Pero nunca imaginó que una chica borracha encendería su deseo de esa manera.

No sabía si lo estaba provocando a propósito o sin querer.

Fuera como fuera, esa noche la iba a pasar mal.

Porque iba a pagar un alto precio por su atrevimiento.

Durante toda la noche, Diego no la dejó en paz. No se detuvo hasta que ella se desmayó bajo él, hasta que el cielo comenzó a clarear. Solo entonces la soltó, aunque no estaba del todo satisfecho.

Observó el rostro delicado y hermoso de la chica que dormía en sus brazos, sonrojado por el abuso.

Una extraña ternura recorrió el corazón de Diego.

Sin preocuparse por lo que vendría después, la abrazó y se quedó profundamente dormido…

Estaba agotado. Todo lo demás podía esperar a que despertara.

Lo que nunca imaginó fue que, al despertar de nuevo, la mujer en sus brazos habría desaparecido.

***

Alba no despertó hasta la tarde.

Cuando lo hizo, no solo le dolía todo el cuerpo, sino que además estaba firmemente abrazada por un hombre.

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