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Error de Noche, Doctor de Día romance Capítulo 2

El hombre era muy guapo; de una manera que nunca había visto y que no podía describir.

Era cien, mil veces más atractivo que cualquier estrella de cine.

Parecía un príncipe de cuento, salido de una fantasía, con un aire distinguido y unos rasgos tan perfectos que parecían esculpidos por los dioses.

Incluso dormido, irradiaba una nobleza y una frialdad que imponían respeto.

Alba contuvo el aliento. Jamás habría imaginado que el hombre que la había poseído con tanta furia durante toda la noche tuviera un rostro tan celestial.

Quién diría que era un lobo con piel de cordero, empeñado en devorarla.

Aunque Alba estaba muy enojada, no podía hacer nada. Fue ella la que se emborrachó, se equivocó de habitación y se metió en la cama equivocada, dándole al hombre la oportunidad perfecta.

Al menos no era feo. Si al abrir los ojos hubiera descubierto que el hombre que le arrebató su virginidad era un monstruo, ¡se habría muerto del coraje!

Aunque en ese momento también tenía ganas de llorar, no era el momento para eso. Lo mejor era escapar cuanto antes.

Si el hombre se despertaba y le pedía explicaciones de por qué se había equivocado de habitación, estaría en problemas.

Con sumo cuidado, Alba se liberó de los brazos del hombre, se levantó de la cama en silencio y recogió su vestido y su ropa interior del suelo.

Por suerte, el vestido no estaba roto y todavía podía usarlo.

Se vistió con cuidado, echó una última mirada al hombre increíblemente guapo que seguía durmiendo en la cama y, apretando los dientes, se fue sin mirar atrás…

«Solo fue un sueño», se dijo.

Lo que no sabía era que esto era solo el principio.

***

Con las piernas temblorosas, Alba salió del hotel y tomó un taxi de vuelta a su departamento.

En el carro, por fin tuvo tiempo de revisar su bolsa y su celular. Vio que tenía varias llamadas perdidas de su mejor amiga.

Para que no se preocupara, decidió devolverle la llamada.

En cuanto contestó, su mejor amiga, Fabiola Córdova, le preguntó apresuradamente:

—Alba, ¿qué pasó? Te estuve marcando varias veces, ¿por qué no contestabas?

Alba se mordió el labio.

—Perdón, anoche estaba tan borracha que ni escuché el celular…

—No te preocupes, no pasa nada. Oye, ¿dónde te quedaste anoche? Fui a tu cuarto del hotel y no te vi.

—Pregunté en recepción y me dijeron que nadie se había registrado en esa habitación.

—¿No te quedaste ahí anoche?

Alba lo pensó un momento y decidió decirle una pequeña mentira a su amiga.

—Yo… anoche renté otra habitación por mi cuenta, así que me quedé en otro cuarto.

—Perdóname, estaba tan confundida que no te avisé a tiempo.

Tenía la cabeza hecha un lío. ¿Cómo iba a confesarle a su mejor amiga que, por borracha, se había equivocado de habitación y se había acostado con un desconocido?

Quería fingir que no había pasado nada, así que prefirió no contárselo.

Alba apretó la tela de su vestido, nerviosa, y preguntó con timidez:

—¿Tienen… tienen la pastilla del día siguiente?

Era la primera vez que compraba algo así. No tenía experiencia y se sentía muy avergonzada.

Temía que la gente la mirara raro.

Por suerte, la empleada ya había visto de todo. Sonrió y dijo:

—Sí, claro. Permítame un momento.

Sacó una caja de la pastilla de emergencia y se la entregó a Alba, dándole una amable recomendación.

—Es la primera vez que la toma, ¿verdad? La pastilla es efectiva hasta setenta y dos horas después. Solo necesita tomar una, no tome más.

Alba tomó la caja, agradecida.

—Gracias, ¿cuánto es?

—80 pesos.

Alba pagó los 80 pesos y salió de la farmacia a toda prisa.

La empleada la vio irse y no pudo evitar negar con la cabeza.

—Hoy en día, hay tantas chicas que no se cuidan.

Hoy ya era la quinta chica que venía a comprar la pastilla. Y todos los días, varias más venían a la farmacia por lo mismo, la mayoría de ellas muy jóvenes.

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