Elara lo miró con total frialdad, su voz era plana. —No estoy haciendo ningún drama, hablo muy en serio. Lee el acuerdo y, si estás conforme, fírmalo.
—¿Desde cuándo te volviste tan rencorosa, Elara? Ya te dije que lo de nuestra hija...
—Me fuiste infiel —lo interrumpió ella con un tono gélido.
La impaciencia de Dylan se esfumó de golpe. Tras quedarse paralizado por un par de segundos, la miró con cara de víctima, como si estuviera siendo injustamente acusado. —¿Acaso viste algún chisme sobre mí en internet o escuchaste habladurías de la gente? ¿Acaso no sabes qué clase de hombre soy?
—Qué clase de hombre eres... es cierto que antes no lo veía con claridad, pero ahora... —Elara hizo una pausa y una sonrisa cargada de ironía se dibujó en sus labios—. Ahora lo veo perfectamente. Quiero divorciarme de ti. No es un berrinche ni un impulso del momento, es una decisión que he meditado a fondo.
Dylan no podía creerlo. —¿Ya tenías pensado divorciarte de mí?
—Sí —asintió Elara—. Dylan, terminemos esto por las buenas.
Dylan agarró el acuerdo de divorcio de la mesa, lo hizo pedazos en un instante y miró a Elara con ojos llenos de ira y determinación. —¡No me voy a divorciar de ti!
Elara lo sostuvo la mirada en silencio durante unos segundos. Suspiró, sacó su teléfono, tecleó rápidamente y luego lo miró a los ojos. —Te acabo de enviar algo. Míralo.
Dylan desbloqueó su celular. Elara le había enviado un video. Al reproducirlo, vio con horror que era una grabación de él besándose apasionadamente con Nina Salinas en los jardines de Villa Serena.
Su rostro palideció. Conmoción, pánico, confusión... múltiples emociones se arremolinaron en sus ojos, pero rápidamente logró disimularlas. Cuando volvió a mirar a Elara, forzó una sonrisa incrédula. —¿Quién te mandó este video? No me digas que de verdad crees que esto es real.

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