¿Comportamiento íntimo?
¿Un malentendido?
Elara soltó una risa irónica. Nunca imaginó que Dylan fuera esa clase de hombre: un cobarde que tiraba la piedra y escondía la mano.
Le resultaba tan desconocido; parecía que aquel Dylan atento, caballero y considerado que había conocido alguna vez, no era la misma persona que tenía enfrente.
Menos mal que le había hecho caso a Aurora. Primero reunir pruebas y luego exigir el divorcio. De lo contrario, con la clase de persona que él había demostrado ser, separarse habría sido una misión imposible.
Elara sacó el video de Dylan y Nina en la cama, además del historial de mensajes comprometedores, y se los mostró a todos. Luego miró a su esposo.
—¿Tienes algo más que decir?
Dylan jamás imaginó que Elara tuviera más de un video en su poder.
—¿Desde cuándo empezaste a reunir todo esto?
—Desde el momento en que supe que me engañabas. Llevo tiempo preparándome para pedirte el divorcio.
Dylan no podía creerlo. Pensaba que había sido sumamente discreto y resulta que ella llevaba tiempo documentando cada uno de sus errores.
Era esa amarga sensación de creer que uno es el jugador, solo para descubrir que siempre fue la pieza en el tablero de alguien más.
Esbozó una sonrisa cargada de burla hacia sí mismo.
—¿Tantas ganas tienes de divorciarte de mí?
Elara no respondió con palabras, sino con acciones. Sacó de su bolso el acuerdo de divorcio ya firmado por ella y lo dejó sobre la mesa de centro.
—Me voy sin pedir un centavo. Solo quiero a Vali. Firma.


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