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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 139

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

No estaba sola.

Tenía a Aurora.

A su amiga del alma, la que la entendía, la apoyaba y siempre estaba de su lado.

Con los ojos llorosos, Elara abrió los brazos.

—Dame un abrazo, por favor.

Aurora la estrechó con fuerza, acariciándole la espalda con ternura.

—Elara, yo sé que la familia es lo más importante para ti por todo lo que pasaste, pero si ellos no te valoran, no tienes que doblar las manos por ellos. Y mucho menos tienes que aguantar malos tratos de nadie.

Las lágrimas que Elara no había dejado salir, rodaron por sus mejillas, pero de inmediato se las limpió con el dorso de la mano.

—Tienes razón.

Se quedaron abrazadas un momento más antes de separarse.

Aurora la miró fijamente y suspiró.

—La verdad, cuando me contaste que Dylan firmó el acuerdo y la solicitud de divorcio sin poner peros, me pareció demasiado fácil. Si de verdad quería separarse, ¿qué necesidad tenía de esconder a Nina Salinas? Habría sido más fácil decirte la verdad y ya. Pero te vi tan aliviada que no quise arruinarte el momento.

»Ahora me queda clarísimo: fue una táctica para ganar tiempo. Como solo faltan un par de días para que termine el periodo de espera y vio que no das tu brazo a torcer, le entró la desesperación y mostró su verdadera cara.

Elara había contado los días para que terminara ese trámite y poder ir a recoger el acta de divorcio. Soñaba con librarse de esa pesadilla de matrimonio. No imaginaba que, estando tan cerca de la meta, todo se complicaría otra vez.

—Haga lo que haga, no voy a cambiar de opinión. Si el día que termine el plazo no se presenta en el registro civil, entonces meteré una demanda legal por divorcio.

Aurora asintió con aprobación.

—Me gusta esa actitud. Ya, no estés triste. ¡Regálame una sonrisa!

Elara soltó una media sonrisa cansada.

—Cambiando de tema, ¿qué tal te va en el despacho?

La mirada de Aurora se desvió un instante.

—Todo excelente.

Elara frunció el ceño. La conocía demasiado bien.

—¿Sabes que cuando mientes nunca puedes sostener la mirada?

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