Elena no dudó en responder con total soberbia:
—¡Si no te quisiera como a mi propia hija, ni siquiera me habría molestado en venir hoy! Conseguiste a un hombre de oro y ahora quieres echarlo todo a perder. Como tu madre, es mi obligación detenerte. No voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo arruinas tu vida por un capricho.
Esteban intervino, cruzándose de brazos.
—Nosotros ya fuimos y volvimos. Más sabe el diablo por viejo que por diablo. El matrimonio se trata de aguantar y perdonar. ¿Qué es eso de pedir el divorcio por cualquier tontería? ¡No quiero volver a escuchar la palabra divorcio en esta casa!
Elara sonrió con amargura.
Sabían perfectamente que la estaban humillando, y aun así le pedían que tragara veneno.
Ella solo quería salir de ese infierno, pero ellos preferían amarrarla a la hoguera.
¿De verdad lo hacían por su bien, o era puro egoísmo por no perder los beneficios de estar emparentados con la poderosa familia Lucero?
Elara sabía la respuesta de sobra. Se limpió las lágrimas y, con voz firme, dictó sentencia:
—Nadie me va a detener. Me voy a divorciar.
Si ellos no la amaban, tendría que empezar a amarse a sí misma.
—¡Malagradecida! —rugió Esteban, levantándose de golpe y alzando la mano, listo para golpearla.
Elara se puso de pie, sin retroceder un milímetro, y levantó el rostro, desafiante.
—Pégame. Mátame a golpes si quieres. Pero me voy a divorciar.
Esteban temblaba de furia. Mantuvo el puño en el aire, pero finalmente no se atrevió a bajarlo. En su lugar, le lanzó una amenaza venenosa:
—Si te divorcias, olvídate de mí. No vuelvas a llamarme papá.
Elena también se puso de pie, furiosa.
—Y no me llames mamá. ¡Para mí, estás muerta!
Las pestañas de Elara temblaron, mirando a quienes habían sido sus padres adoptivos con absoluta incredulidad.
—¿Me... me están repudiando?
—Nosotros no te estamos repudiando, eres tú quien nos escupió en la cara —escupió Elena—. Te pasas nuestros consejos por el arco del triunfo. ¿Dónde se ha visto a una hija tan rebelde y desgraciada como tú?
Elara apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas.

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