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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 141

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Este era el hombre con el que alguna vez pensó compartir toda su vida.

¡Y ahora la estaba acorralando de esta forma tan cruel, como si le estuviera asfixiando el cuello!

Elara miró a Dylan, atónita. Mientras lo observaba, sintió que el corazón se le encogía, los ojos le empezaron a arder y la nariz le picaba.

Al ver los ojos enrojecidos de Elara y su esfuerzo desesperado por no llorar, Dylan se ablandó al instante. Su mirada fría y dura se suavizó de inmediato.

—Elara, solo quiero que estemos bien. Quédate a mi lado y volveremos a ser como antes, ¿sí? —murmuró.

Elara sintió que le pesaban los párpados. Parpadeó suavemente y las lágrimas acumuladas se derramaron al instante. Se las secó de inmediato y lo miró con una frialdad y determinación inquebrantables, pronunciando cada sílaba con fuerza:

—Im... po... si... ble.

Dylan apretó los dedos alrededor de su cigarrillo. Una sombra lúgubre cubrió su rostro.

—Si no estoy de acuerdo con este divorcio, ¿crees que podrás lograrlo?

—¡Entonces nos veremos en los tribunales!

—Tu único apoyo es Aurora Quiroga. Si ella deja de ser abogada, ¿a quién vas a acudir?

Elara lo miró incrédula. No solo quería dejar a Aurora sin clientes, sino destruir su carrera por completo.

—¡No te atreverías, Dylan!

El rostro de Dylan, envuelto en el humo gris del cigarrillo, parecía aún más implacable y frío.

—Si tú te atreves a dejarme, ¿qué me impediría hacerlo?

El rostro pálido y delicado de Elara parecía haberse cubierto de escarcha.

—Me estás obligando a odiarte.

—Si ya no quieres amarme, no me importa que me odies. Siempre y cuando siga en tu corazón.

—¡Estás loco! —junto con esas dos palabras, la mano de Elara se estrelló en un estruendoso cachetazo contra la mejilla de él.

Dylan se quedó pasmado un segundo. Luego soltó una risa seca, empujando con la lengua el interior de la mejilla golpeada.

—Con la cara así, cuando regresemos, ¿cómo vas a explicarlo?

Elara pensó que se enfurecería, que gritaría, pero nunca esperó que le preguntara eso.

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