Dylan no le dio importancia.
—No es nada.
—¿Cómo que no es nada? —Viviana lo miró con detenimiento—. Es la marca de una mano. —Al decir eso, desvió la mirada hacia Elara y le preguntó con rabia—: ¿Tú lo golpeaste?
Elara podía sentir que todas las miradas de la sala se clavaban en ella. Si Renato Soler no hubiera estado presente, habría admitido sin ningún problema: "Sí, fui yo". Incluso habría estado dispuesta a armar un escándalo revelando lo miserable que estaba siendo Dylan con tal de no darle el divorcio.
Pero con Renato ahí, de repente se sintió tensa. Temía que él descubriera lo que estaba pasando.
Dylan frunció el ceño.
—Mamá, no te metas en nuestros asuntos.
Viviana estaba entre furiosa y angustiada.
—¿Cómo no me voy a meter? Eres mi hijo, mi sangre. En toda tu vida, jamás me atreví a tocarte ni un pelo, y ella tiene el descaro de golpearte. ¿Con qué derecho te levanta la mano? Ustedes...
—¡Mamá! —la interrumpió Dylan—. Fue solo un malentendido. ¿Por qué haces tanto alboroto?
Viviana lo miró con decepción, como si no pudiera creer lo que oía.
—¡Te golpeó y todavía la defiendes!
Dylan tomó la mano de Elara.
—Es mi esposa. Por supuesto que voy a defenderla.
Elara le lanzó una mirada a Dylan y bajó los ojos sin decir una palabra.
Don Leonardo recorrió con la mirada a Dylan y a Elara. Apretó el bastón con fuerza y, reprimiendo su temperamento, ordenó:
—Vamos a comer.
A Viviana se le había quitado el hambre por completo con el coraje que hizo.
—Perdí el apetito. Coman ustedes —dijo antes de subir las escaleras.
Todos eran un dolor de cabeza, ninguno le daba tranquilidad. Don Leonardo miró a Renato y esbozó una sonrisa avergonzada.
—Lamento que hayas tenido que presenciar esto.
Renato respondió con un tono indiferente:
—No hay problema, somos casi familia.
—Vamos, pasemos al comedor —dijo Don Leonardo, adelantándose.
Mientras caminaban hacia el comedor, la mirada de Renato se posó discretamente en las manos entrelazadas de Dylan y Elara.
En cuanto Renato se alejó, Elara retiró su mano bruscamente del agarre de Dylan y susurró:

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