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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 170

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Elara se quedó pasmada un segundo antes de darse cuenta de que él se refería a las heridas que Dylan le había dejado la noche anterior tras forzarla a besarlo. Su rostro se enrojeció de vergüenza.

—Me... me golpeé por accidente —titubeó, desviando la mirada—. Señor Renato, pase, por favor. Ya casi termino; solo me falta preparar la ensalada. Siéntese un momento, la cena estará lista enseguida.

Renato asintió con un gesto seco. Al dar el primer paso dentro del apartamento, su mirada barrió rápidamente el montón de documentos esparcidos por el suelo.

Elara le entregó a Valentina a Marta y se agachó a recoger los papeles a toda prisa, antes de refugiarse en la cocina.

Marta sentía que la presencia de Renato robaba el oxígeno de la sala. Valentina seguía sollozando y haciendo pucheros por el tremendo susto. Sintiendo que su presencia en el área común solo estorbaba e incomodaba a ese hombre tan imponente, decidió cargar a la bebé de vuelta a su habitación.

Cuando Elara terminó la ensalada y salió de la cocina con los platos en las manos, vio a Renato parado en el balcón, hablando por teléfono. Llevaba una camisa gris humo perfectamente ajustada, fajada en unos pantalones de traje que resaltaban su figura alta y musculosa; parecía sacado de la portada de una revista de moda masculina.

De repente, él se dio la vuelta y cruzaron miradas. El corazón de Elara dio un brinco, pero se recompuso de inmediato. Con aire sereno, levantó ligeramente la bandeja, indicándole que todo estaba servido.

Él le hizo una leve reverencia, cortó la llamada y se dirigió al comedor.

—¿Y Fabián? —preguntó ella, al notar que su asistente no estaba en la sala.

Renato tomó asiento a la mesa.

—Salió a resolver un asunto.

Elara no hizo más preguntas y en cuestión de minutos llevó todos los platillos a la mesa.

—Es una comida casera muy humilde. Espero que sea de su agrado.

—Se ve estupendo.

—Empiece a servirse, voy a buscar a Marta para que se siente con nosotros.

Renato suspiró por lo bajo.

*De nuevo el "usted"*, pensó. En el mensaje que le había mandado esa mañana, había metido como tres veces esa palabra.

Elara fue rápido al cuarto del bebé y volvió en seguida. Se sorprendió de ver que Renato ni siquiera había tocado los cubiertos, estaba claro que las estaba esperando; no cabía duda de que era un caballero educado hasta la médula.

—Valentina sigue muy llorona. Marta prefiere quedarse a calmarla un poco más. Mejor empecemos nosotros.

—De acuerdo —asintió Renato, levantando los cubiertos.

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