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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 173

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Viviana saltó de inmediato:

—¡Estoy de acuerdo con el divorcio, pero si Elara cree que se va a llevar un centavo de nuestra fortuna, está muy equivocada! Todo debe hacerse bajo el acuerdo prenupcial. Que se vaya a la calle con lo puesto.

Al escucharla, Dylan recordó la advertencia que Renato le había hecho antes de irse. Frunció el ceño, clavándole la mirada a su madre.

—¿Qué hiciste hoy?

Viviana creía genuinamente que su enfrentamiento con Elara, aunque no había terminado como planeaba, había sido un esfuerzo valiente por defender a la familia. Con cierto tono de orgullo, le contó todo lo que había pasado.

Dylan llevaba un día y una noche sin dormir. Estaba agotado física y mentalmente. Al escuchar las palabras de su madre, la ira que había estado conteniendo explotó sin control. Alzó la voz, furioso:

—¿Acaso crees que mi reputación no está lo suficientemente destruida? ¿Querías agregarle un titular sobre un intento de secuestro de mi propia hija para pelear la custodia?

Viviana se quedó helada ante el grito de su hijo. Al segundo siguiente, su rostro se llenó de indignación.

—¡Lo hice por ayudarte! ¡No quería que esa mujer te siguiera manejando a su antojo!

—¡Lo que estás haciendo es arruinarme! —La rabia desbordaba en el rostro de Dylan—. Elara es mi esposa, Valentina es mi hija. ¿Cómo te atreves a tratarlas así?

Por su mente pasaron todas las veces que Viviana había menospreciado a Elara, los comentarios despectivos porque solo había dado a luz a una niña. Sin medir sus palabras, Dylan arremetió:

—Si no fuera porque siempre la trataste como basura y le recriminaste por haber tenido una niña, ¿crees que ella me habría dejado?

Viviana miró a su hijo con total incredulidad. Había dado su vida y su alma por él, y ahora, él le echaba toda la culpa.

Lo había dado a luz, lo había criado, lo había puesto por encima de todo.

Y al final, él le decía que lo estaba arruinando.

Resentimiento, ira, dolor...

Un torbellino de emociones la asfixió. Las lágrimas brotaron de sus ojos sin previo aviso.

Con el rostro empapado, se señaló a sí misma.

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