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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 172

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Cayó en la trampa.

Una casi imperceptible sonrisa se dibujó en los labios de Renato. Bajó la mirada, sacudiendo la ceniza de su cigarrillo en el cenicero, ocultando todas sus emociones bajo una máscara insondable. Cuando volvió a mirar a Dylan, sus ojos eran profundos como el océano.

—Haz que el departamento de relaciones públicas emita un comunicado oficial. Dirán que Elara y tú llevan tiempo separados emocionalmente, pero debido al embarazo, acordaron de mutuo acuerdo esperar a que naciera la bebé y ella se recuperara para proceder con un divorcio pacífico.

»Luego, desde tu cuenta personal, emitirás una disculpa pública. Dirás que, aunque ya habían acordado divorciarse, fue un error de tu parte haberla traicionado antes de firmar los papeles oficiales.

»Por último, anunciarás oficialmente que te casarás con Nina Salinas en los próximos días. Esto sacará a la luz esa relación clandestina. Por un lado, demostrará que asumes tu responsabilidad; por otro, la noticia de una alianza de alto nivel entre el Consorcio Lucero y el Consorcio Salinas inyectará confianza en el mercado y hará que las acciones repunten.

Tras escuchar todo esto, Dylan frunció el ceño profundamente.

Disculparse no era un problema; después de todo, realmente le había fallado a Elara. Tal vez, si se disculpaba públicamente, ella sentiría la sinceridad de su arrepentimiento y dejaría de rechazarlo tanto.

Además, todavía compartían a Valentina. Era el vínculo perfecto. Quizás, con el tiempo, Elara podría perdonarlo y, por el bien de su hija, volverían a estar juntos.

Pero si se casaba con Nina Salinas, la posibilidad de reconciliarse con Elara desaparecería para siempre.

Sin embargo, la sugerencia de Renato era, de lejos, la mejor estrategia para controlar la crisis. Cada paso estaba perfectamente encadenado, y si omitía uno solo, el problema no se resolvería por completo.

Tras un momento de silencio, Dylan suspiró.

—Gracias, Renato. Tomaré muy en serio tu consejo.

Renato asintió con un gesto leve. Aplastó la colilla en el cenicero, se puso de pie y caminó hacia la puerta. Tras dar un par de pasos, se detuvo, como si acabara de recordar algo.

—Cualquier noticia negativa en este momento sería catastrófica para tu empresa. Asegúrate de que tu madre no vuelva a cometer ninguna estupidez.

Dylan lo miró confundido. Iba a preguntar a qué se refería, pero Renato ya había salido de la habitación.

Fabián, que seguía a Renato por detrás, no pudo evitar levantarle un pulgar mentalmente a su jefe.

No solo lograba que Dylan se divorciara, sino que también lo ataba de pies y manos a Nina, cortándole cualquier camino para arrepentirse después.

Brillante, sencillamente brillante.

Ese era su jefe. Primero, agitaba las aguas desde las sombras; luego, daba la cara ofreciendo una solución que le permitía lograr sus verdaderos objetivos con facilidad, y encima lograba que el pobre diablo de Dylan le estuviera profundamente agradecido.

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