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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 207

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

—¿Qué le pasó a mi Elara? ¿Por qué está internada? —preguntó la joven con evidente angustia.

—Se lastimó intentando salvar a alguien. ¿Quieres ir a verla?

—¡Claro que sí! ¿Está en su hospital? ¿Qué número de habitación?

—Paso a recogerte.

—¿Eh? —La chica se quedó muda; ese nivel de atención por parte de él era casi irreal.

—Espérame en la puerta trasera del campus. Llego en veinte minutos. —Renato lo pensó un segundo y añadió—: Si quieres ver los detalles, busca las noticias en internet. —Y colgó la llamada sin más.

El ascensor llegó justo en ese instante y Renato entró.

Fabián lo siguió, parándose detrás de él, contemplando la imponente figura de su jefe con una mezcla de absoluto respeto y asombro.

*Y yo que pensaba que se iba a quedar ahogando sus penas en silencio. Resulta que ya estaba armando su contraataque.*

Como él mismo no tenía ninguna excusa válida para quedarse en la habitación, decidió usar a Violeta Ávila para arruinarle la noche a Dylan. Con semejante obstáculo respirándole en la nuca, a Dylan no le quedaría espacio ni para respirar.

*Por eso es el jefe,* concluyó Fabián, maravillado. *Nadie le gana en estrategia.*

En la puerta trasera de la Universidad del Alba.

Un imponente Rolls-Royce negro se deslizó silenciosamente hasta la acera. Violeta, que llevaba rato esperando, se subió al coche de un salto y, apenas cerró la puerta, disparó:

—¿Cómo está Elara? ¿Es muy grave lo que le pasó?

Renato tecleaba un correo en su celular y respondió sin inmutarse:

—Ya lo verás cuando llegues.

—Ya vi todo el chisme en internet. Una paciente con depresión quiso suicidarse y ella le salvó la vida. ¡Es increíble! Todos en los comentarios dicen que es un verdadero ángel guardián. —A Violeta le brillaban los ojos de pura admiración—. Cada día la quiero más. Es hermosa, tierna, elegante, una doctora de primer nivel y con un corazón de oro.

Fue entonces cuando Renato apartó la vista del teléfono para mirarla.

—Tienes buen gusto.

—¿Verdad que sí? ¿Tú piensas lo mismo, a que sí? —Encontrar a alguien que compartiera su devoción emocionó tanto a Violeta que no le importó quién era su interlocutor. Pero al segundo siguiente cayó en cuenta de que hablaba con Renato Soler, y tartamudeó incrédula—: ¿Tú... tú... acabas de decir algo bueno de Elara?

Un hombre tan hermético e inaccesible como Renato jamás dejaba entrever sus preferencias personales. Era la perfección hecha hombre, alguien inalcanzable. Sacarle un cumplido era más difícil que encontrar agua en el desierto.

¡Y para colmo, estaba elogiando a una mujer! Para alguien que llevaba treinta años soltero y al que nunca se le había visto acompañado de ninguna figura femenina, aquello rayaba en lo sobrenatural.

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