Pero un segundo después, Violeta sacudió la cabeza, desestimando su propia teoría por completo.
—No, no, qué locura. ¿Cómo te va a gustar Elara? ¡Si es la exesposa de tu hermano! Además, a ti ni siquiera te interesan las mujeres. Si alguna vez decidieras buscarte a una, seguro que no sería ella.
Fabián pensó: *...*
Renato pensó: *...*
Tras pensarlo un poco más, Violeta llegó a su conclusión final:
—Seguro que lo haces por la abuela Matilde, ¿verdad? Temes que piense que me tienes descuidada como novia, así que estás usando lo del accidente de Elara como excusa para sumar puntos conmigo. Sí, apuesto a que es eso.
Fabián se dijo: *El cerebro de esta chica funciona en otra dimensión.*
Renato suspiró para sí: *Lo sabía, era capaz de inventarse cualquier escenario ridículo antes de aceptar la respuesta correcta.*
Al ver que Renato seguía callado tras su brillante análisis, Violeta insistió:
—¿Por qué no dices nada? ¿Me equivoqué?
La voz de Renato sonó profunda e imperturbable.
—Estoy trabajando.
Violeta torció la boca y murmuró por lo bajo:
—Vaya adicto al trabajo, ni en el carro sueltas el celular. —Y sin más, dejó a Renato en paz y se puso a jugar en su propio teléfono.
Poco tiempo después, el auto se detuvo en el estacionamiento subterráneo del hospital.
Violeta ya estaba lista para bajar cuando notó que Renato ni siquiera había hecho el amago de moverse y seguía pegado a la pantalla.
—¿Tú no vienes?
—Ya fui a verla antes.
—Entonces espérame aquí un rato. Voy a saludarla y luego me llevas de regreso a la universidad.
Renato apagó la pantalla y fijó sus ojos en ella.
—¿De verdad te cae tan bien Elara?
Violeta asintió sin dudar.
—Muchísimo.
Siempre había sentido una conexión inexplicable hacia Elara, una calidez que la impulsaba a querer ser su amiga. Y ahora, sabiendo que casi pierde la vida intentando salvar a una paciente, ese cariño se había transformado en un profundo respeto.
—Si estuviera en un aprieto, ¿le darías una mano?
—Por supuesto. ¿Qué le pasa?


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