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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 422

Renato movió un poco los párpados. Pudo percibir la felicidad en la voz de la niña, pero esa alegría se apagó rápidamente.

—Pero cuando tuvieron a su propio hijo, dejaron de quererme. Hoy me echaron de la casa por culpa de mi hermano menor.

Al escuchar la tristeza y el leve sollozo en la voz de la niña, Renato no pudo evitar abrir los ojos.

Vio que sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero ella se las secó rápidamente y lo miró con una sonrisa radiante.

—Pero no importa. Seguiré esforzándome. Estudiaré mucho, entraré a una buena secundaria y luego a una universidad de prestigio. Me volveré alguien brillante. Haré que se sientan orgullosos de mí y lograré que vuelvan a quererme.

—¿Y qué pasa si siguen sin quererte? —le preguntó Renato.

Era exactamente como él se sentía. No importaba cuánto se esforzara, nunca podría regresar a la familia Soler. Y aunque volviera, no era rival para sus enemigos. Era inútil. El esfuerzo no servía de nada; era mejor rendirse cuanto antes.

La niña se quedó paralizada por un momento. Quizás nunca había contemplado esa posibilidad. Tras unos segundos, lo miró con una determinación inquebrantable.

—Si siguen sin quererme, tampoco importa. Habré crecido. Me habré vuelto más fuerte y seré capaz de darme una buena vida a mí misma.

Esta vez fue Renato quien se quedó sin palabras. *¿Habré crecido? ¿Me habré vuelto más fuerte?*

La voz de la niña continuó:

—No puedes renunciar a ti mismo solo porque los demás no te valoren. Solo si te esfuerzas y lo intentas, no te arrepentirás de nada.

Las palabras de la niña cayeron como un mazo pesado sobre su corazón, despertando el espíritu de lucha en su ser sumido en la decadencia.

Ella fue como un rayo de luz que irrumpió de golpe en su vida oscura y sin esperanza, sacándolo del abismo más profundo y dándole una razón para vivir y el coraje para empezar de nuevo.

Él le preguntó en un susurro:

—¿Cómo te llamas?

—Elara, con E de esperanza y L de libertad.

—Soy Renato.

Una voz proveniente de unos pasos más adelante sacó a Renato de sus densos recuerdos y lo trajo de vuelta a la realidad. Levantó la mirada y vio a Elara de pie en la nieve, saludándolo con la mano.

—¡Ven rápido!

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