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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 423

Renato notó la mirada de Elara y giró la cabeza para encontrarse con sus ojos.

—¿De qué te ríes?

—De nada. Estoy feliz. —Elara retiró su mano del cálido agarre de Renato—. Espérame un segundo.

Caminó rápidamente hacia su auto, abrió la puerta y sacó una bufanda gris oscuro que ella misma había tejido. Regresó hacia él y se la envolvió alrededor de su cuello perfectamente proporcionado.

—Iba a ser tu regalo de Nochebuena, pero ya pasó la fecha, así que tendrás que conformarte con que sea tu regalo de Navidad.

Una vez que se la colocó, Elara dio un paso atrás para apreciarlo. Rostro apuesto, figura imponente, abrigo negro y bufanda gris. Sí, le quedaba a la perfección.

—Feliz Navidad.

Hace quince años, ella le calentó el corazón.

Quince años después, ella abrigaba su cuerpo.

Todo ese calor, físico y emocional, provenía exclusivamente de ella.

Un mar de emociones cruzó por la mirada de Renato. Dio un paso hacia adelante, tomó el rostro de Elara entre sus manos, se inclinó y besó sus labios.

El beso repentino la tomó por sorpresa, pero solo duró un segundo antes de que ella rodeara su cintura firme y le correspondiera.

La primera nevada seguía cayendo a su alrededor, posándose sobre sus cabellos y hombros hasta cubrirlos de un blanco absoluto.

El viento helado se mezclaba con sus respiraciones ardientes. El mundo entero parecía haber desaparecido; solo existían ellos dos, abrazados bajo la tormenta.

Esa nieve compartida era el símbolo de un compromiso silencioso. Ese beso valía más que mil palabras.

Al separarse, Renato la abrazó con suavidad.

—Gracias.

*Gracias por aparecer en mi vida hace quince años y sacarme del abismo hacia la luz.*

*Gracias por elegir quedarte a mi lado quince años después, haciendo realidad mi obsesión más profunda.*

Elara pensó que le estaba agradeciendo por el obsequio.

—La verdad es que te mentí. Empecé a tejer la bufanda hace tiempo, pero no lograba terminarla. Trabajé horas extras esta noche para tenerla lista.

*Ella la había tejido con sus propias manos.*

Renato estrechó aún más a la mujer en sus brazos y le dio un beso cerca de la oreja.

—¿A qué hora llegaste?

Ese leve roce la hizo estremecerse instintivamente.

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