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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 43

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Dylan no se dio cuenta de su presencia hasta que ella estuvo justo a su lado.

Elara escuchó que hablaba sobre las fechas de entrega de un proyecto, así que supo que estaba trabajando y decidió no interrumpirlo. Solo cuando lo vio colgar, habló.

—Dylan.

Al escuchar su voz, Dylan se giró de golpe. Al verla, sus ojos se abrieron desmesuradamente y el teléfono se le resbaló de las manos, cayendo al suelo con un ruido sordo.

—Elara...

Ella se agachó a recogerlo.

Dylan lanzó una rápida mirada hacia la puerta cerrada de la sala privada y, en un parpadeo, su expresión volvió a la calma habitual.

Elara le entregó el teléfono.

—Menos mal que hay alfombra, si no, se te habría destrozado.

—Me tomaste por sorpresa, no esperaba verte aquí —dijo Dylan, guardando el aparato en su bolsillo y tomando la mano de su esposa—. ¿Cómo supiste dónde estaba?

En los ojos de Elara asomó un ligero reproche.

—Como tú no ibas a verme, no me quedó más remedio que venir a buscarte.

—Entonces... ¿ya no estás enojada?

—*Mjm*. Tú también tienes tus propias presiones. Debería intentar ponerme más en tus zapatos.

Una sonrisa se dibujó en la mirada de Dylan y la atrajo hacia él en un abrazo.

Elara miró a su alrededor; al ver que no había nadie, apoyó suavemente las manos en la cintura de su esposo. Podía sentir el latir de su corazón: rápido, fuerte, lleno de vida.

*Pum, pum, pum...*

Se quedaron abrazados en silencio. El resentimiento de los últimos días pareció desvanecerse en el calor de ese contacto.

Un momento después, Dylan la soltó suavemente.

—Vámonos. Te acompaño a casa para celebrar el cumplemés de nuestra hija.

—Pensé que se te había olvidado.

—¿Cómo crees? Tenía planeado ir en la noche.

—¿De verdad?

Una sonrisa curvó los labios de Dylan.

—De verdad. Como no me respondías los mensajes, no me quedó de otra que usar el cumplemés de la niña como excusa para acercarme a ti.

Recordando algo, añadió:

—Le abrí un fondo de inversión educativo a Vali por cinco millones. El banco está terminando la evaluación de riesgo. En cuanto aprueben los papeles, te los entrego.

La opresión que Elara había sentido en el pecho durante todos esos días se esfumó por completo. Una sonrisa genuina iluminó su rostro. Levantó un poco la barbilla, señalando hacia la puerta de la sala privada a espaldas de Dylan.

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