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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 458

Doña Matilde entendía la gravedad del asunto y no insistió más. Solo agitó la mano para despedirlo. —Ve a llevar a la niña a su casa. Conduce con cuidado y vayan seguros.

—Mjm.

Cuando Renato bajó a la sala, Vali ya había terminado de tomar su biberón. Miró a Violeta y le preguntó: —¿A qué hora quedaste con tus amigos?

Violeta captó la indirecta al vuelo; le estaba pidiendo que se fuera para poder llevarse a Elara a solas. Fingió mirar su reloj de pulsera. —Uy, ya casi es la hora. Me tengo que ir. Te encargo mucho a Elara, ¿sí?

Renato asintió con una expresión inescrutable.

Elara les siguió el juego y se despidió con cortesía. —Siento mucho las molestias.

—No es nada —respondió Renato, distante.

Violeta y Elara se despidieron de Isabel y se dirigieron al perchero de la entrada para ponerse sus abrigos.

Renato caminaba un par de pasos detrás de ellas.

Violeta se puso el abrigo primero y se ofreció a sostener a la bebé para que Elara pudiera hacer lo mismo. —Ven aquí, cosita hermosa. Dale un besito a tu tía Vio —dijo, dándole un sonoro beso en la mejilla a Vali.

Elara sonreía dulcemente. Mientras miraba embelesada a su hija y a su amiga, intentó alcanzar su chaqueta acolchada sin mirar bien. Al jalarla, desequilibró el pesado perchero de madera.

La estructura se precipitó directamente hacia ella.

La mirada de Renato se afiló. En un par de zancadas se interpuso, cubriendo a Elara con su cuerpo y recibiendo el impacto del perchero en su propia espalda.

Elara reaccionó al escuchar el golpe sordo. Su abrigo cayó al suelo a causa del susto.

A lo lejos, Isabel presenció la escena con los ojos desorbitados. ¿El despiadado y gélido Renato Soler recibiendo un golpe por Elara?

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