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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 459

¿Más cuidado?

¿Acaso una mujer de su clase tenía derecho a pasearse por esa casa?

Si no fuera porque alguna vez estuvo casada con el inútil de Dylan y por su amistad con Violeta, en su vida habría podido poner un pie en la Mansión Soler.

—La decencia empieza por conocer el lugar de cada quien. Señorita Rosales, de ahora en adelante...

—Lo que pase en mi entorno no es de tu incumbencia —la cortó Renato, con un tono tan frío que helaba la sangre.

Isabel palideció. —Renato, soy tu tía. ¿Es esa forma de hablarle a la familia?

—¿Familia? —Una sonrisa despectiva se dibujó en los labios de Renato—. No eres digna del título.

—Tú...

—Nos vamos. —Renato le dirigió una última mirada a Violeta, tomó su abrigo del perchero, se lo puso y se acomodó la bufanda al cuello. Sin decir más, se dirigió a la salida.

Violeta miró a Elara. —Vámonos, Elara.

Elara recogió su chaqueta del suelo y tomó a Vali en sus brazos.

Violeta tomó la manta rosa de la niña que colgaba del perchero, la envolvió bien para protegerla del frío y ambas siguieron los pasos de Renato.

El rostro de Isabel cambió de todos los colores. Apretó los puños y maldijo entre dientes: Disfruta tu arrogancia mientras puedas, lobo miserable. En cuanto encuentre a esa mujer, te voy a destruir.

Afuera de la mansión.

Violeta miraba de Renato a Elara, indecisa sobre si hablar, temiendo que alguien los estuviera vigilando.

Renato se acercó al auto de Violeta y le abrió la puerta trasera. —Sube.

Violeta se sintió en las nubes. Aunque sabía que todo era una farsa, el mismísimo Director de la Corporación Soler le estaba abriendo la puerta. Era un lujo que muy pocos en el mundo podían presumir. Ya tenía material de sobra para alardear con sus amigas.

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