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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 460

El rostro de Elara se tiñó de un rojo intenso. —Voltéate y súbete la camisa.

—Estoy bien, no es nada.

—Quiero ver.

Al ver la insistencia en sus ojos, Renato no tuvo más remedio que quitarse el abrigo, darle la espalda y levantarse el suéter de lana negra y la camiseta interior.

Bajo la tenue luz del auto, se revelaron las líneas firmes de su espalda. No había ni un gramo de grasa en su piel de tono claro y frío. Sus músculos no eran el resultado exagerado de un gimnasio, sino la prueba de años de disciplina absoluta; una complexión varonil, sólida y perfecta.

Elara notó de inmediato las marcas rojas cerca de la columna, justo donde los ganchos de madera se habían clavado. Al mirar más de cerca, vio que ya empezaban a tornarse moradas. Seguramente para el día siguiente tendrían un aspecto terrible.

Extendió la mano y rozó la piel lastimada con la yema de los dedos.

El tacto suave de la mujer se sintió como una descarga eléctrica, enviando un escalofrío electrizante desde su espalda hasta el último rincón de su cuerpo.

Renato se tensó de inmediato y su voz sonó ronca. —No me toques.

Elara lo miró con el corazón estrujado. —¿Te duele mucho?

Él bajó su ropa, se giró para verla y negó. —No me duele.

Si no le dolía, ¿por qué su cuerpo se había tensado tanto con un simple roce?

Elara miró su mano vendada y recordó que la noche anterior él también le había dicho por teléfono que era un rasguño. ¿Desde cuándo un rasguño se vendaba de esa forma?

Siempre hacía lo mismo. Siempre cargaba con todo el peso solo.

Una lágrima rodó por su mejilla sin previo aviso. —Mentiroso.

Al verla llorar, la habitual inquebrantabilidad de Renato se hizo trizas, dejando ver su vulnerabilidad. Extendió la mano para secarle las lágrimas. —No te estoy mintiendo. De verdad no me duele.

—¿Y entonces por qué te pusiste tan rígido cuando te toqué?

Una chispa de resignación brilló en los ojos del hombre. Se inclinó hacia su oído y le susurró con una voz cargada de sensualidad: —Porque soy sensible a tu tacto.

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