Elara preguntó sin darle mucha importancia:
—¿Qué le pasó al bebé?
—Los detalles no los sé. Hoy, después de que me quitaron el suero, tuve que darme una vuelta por el departamento legal del Consorcio Lucero. Mientras hacía unos trámites, escuché a la gente comentando que los Lucero están a punto de cerrar un trato con el Consorcio Salinas. Y claro, las chismosas de siempre aprovecharon para sacar a relucir la vieja historia de tu esposo con Nina Salinas.
Elara frunció el ceño.
—¿El Consorcio Lucero va a hacer negocios con los Salinas?
Aurora la miró sorprendida.
—¿Dylan no te lo dijo?
Elara negó con la cabeza.
—No.
—Creí que ya lo había hablado contigo.
—Yo nunca me meto en sus asuntos de trabajo.
—Esto es diferente, Elara. Tiene que ver con Nina Salinas. Él no debió ocultártelo.
Elara apretó los labios y guardó silencio.
Al notar que Elara se había entristecido, Aurora reprimió su propia indignación y suavizó el tono.
—Cuando lo veas, pregúntale de frente. Quizás haya una buena razón. En el matrimonio, la comunicación es clave.
Elara asintió lentamente.
—Sí, tienes razón.
Esa noche, al llegar a casa, Elara no podía quitarse un peso del pecho. Probablemente eran las hormonas del embarazo haciéndole jugarretas a su mente.
No dejaba de darle vueltas al asunto. ¿Por qué Dylan le había ocultado lo de la asociación con el Consorcio Salinas?
Y, si ya estaban en pláticas de negocios, era obvio que Dylan sabía que Nina había vuelto al país. Sin embargo, jamás la mencionó.
¿Por qué tanto misterio?
¿Era porque no la consideraba digna de confianza, o...
...porque ocultaba algo sucio?
Eran más de las once de la noche cuando Dylan finalmente llegó a casa. Al entrar a la habitación y ver a Elara leyendo en la cama, se acercó y se sentó en el borde.

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