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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 64

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Al ver que la rechazaba sin titubear, Elara intuyó que la chica tenía sus propias exigencias.

—Si tienes alguna condición, puedes decírmela con confianza.

—Quiero un millón en compensación y un contrato fijo en la empresa.

Thiago saltó del sofá indignado.

—¡¿Un millón?! ¡Mejor saca una pistola y asáltame!

Elara tampoco esperaba que pidiera algo semejante. Podía entender que quisiera sacar ventaja con el dinero, pero lo del contrato...

—Él acaba de entrar a la compañía, no tiene el poder para asegurarte un puesto fijo.

—Sé perfectamente que el presidente Lucero es su cuñado. Y si tú eres su hermana, entonces eres la esposa del presidente. Basta con que tú lo pidas para que él acepte.

Elara volteó a ver a Thiago, exigiendo una explicación.

Él volvió a agitar las manos a la defensiva.

—¡Yo no le dije nada! Antes de entrar, me advertiste que mantuviera la boca cerrada. Te juro que nunca le he mencionado a nadie quién es mi cuñado.

—En este mundo no hay secretos ocultos bajo el sol —replicó Selena.

Si incluso sabía de su parentesco con Dylan Lucero, era evidente que todo estaba fríamente calculado. Su idiota hermano había caído de lleno en una trampa.

Si la policía intervenía, Thiago acabaría muy mal, y si se convertía en un escándalo público, la imagen del Consorcio Lucero sufriría un golpe durísimo.

Dylan ya le había hecho el enorme favor de meter a Thiago a la empresa usando sus influencias; no podía causarle otro dolor de cabeza.

Sin embargo, ya que la otra parte la estaba chantajeando descaradamente, Elara no tenía por qué seguir siendo amable.

Borró toda dulzura de su mirada y su rostro se tornó frío como el hielo.

—Un millón es imposible. Te daré doscientos mil y es mi última oferta. En cuanto al puesto en la empresa, ni lo sueñes.

—¡Hermana! ¿Por qué tienes que darle doscientos mil? —protestó Thiago, antes de fulminar a Selena—. ¿De qué estás hecha, de oro? ¿Acostarse contigo vale tanto dinero?

Selena ignoró al chico; sabía que él no cortaba ni pinchaba ahí. Clavó la mirada en Elara.

—El millón y el contrato. No acepto menos.

A Elara le enfureció esa actitud arrogante de alguien que cree tenerlos comiendo de su mano. Habló con un tono completamente plano:

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