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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 73

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

La mirada de Dylan se congeló por un instante. Inmediatamente dejó los cubiertos sobre la mesa, se inclinó para tomar los hombros de Elara con ambas manos y le habló en un tono severo.

—No vuelvas a hacerme ese tipo de preguntas.

—¿Por qué no?

—Porque no me gusta. Jamás me divorciaré de ti.

Elara pensó que tal vez aún tenía sus reservas por la empresa.

—Si lo que te preocupa es que un divorcio afecte al consorcio, te prometo que cooperaré en todo para que sea un proceso discreto.

Dylan frunció el ceño, estudiándola detenidamente, como si intentara descubrir alguna anomalía en su expresión.

Elara se dio cuenta un segundo tarde de que había sido demasiado directa. Forzó una sonrisa suave.

—Solo estaba bromeando contigo. ¿De verdad te lo tomaste en serio?

El rostro de Dylan permaneció serio.

—No tiene nada de gracioso. No quiero que vuelvas a decir algo así. Prometimos estar juntos para siempre, ¿lo olvidaste?

Elara bajó la mirada levemente.

—Vaya, así que aún lo recuerdas.

—Por supuesto que lo recuerdo.

Un destello de sarcasmo cruzó por los ojos bajos de ella. Cuando volvió a alzar el rostro, lo miró con un toque de melancolía.

—Como últimamente me ignoras y te la pasas discutiendo conmigo, llegué a pensar que habías olvidado todas tus promesas.

Así que era por eso. Por eso había sacado el tema del divorcio de la nada.

Dylan soltó un suspiro de alivio imperceptible y su tono se volvió mucho más conciliador.

—No te he estado ignorando, solo quería darte espacio para que te calmaras. Admito que estuvo mal pelear contigo, pero entre Nina y yo no hay absolutamente nada. Que siempre estés armando problemas por ella me hace sentir que no confías en mí en lo absoluto. Y la base de un matrimonio es la confianza, ¿no crees?

Si ella no supiera ya que el contacto guardado como 'Mateo' era en realidad Nina...

Si no hubiera leído con sus propios ojos aquellas conversaciones privadas...

Probablemente todas esas palabras la habrían hecho sentir culpable. Habría creído que de verdad lo había malinterpretado y que todo era producto de su paranoia.

Tenía que admitirlo: Dylan era un maestro del engaño.

Podía mentirle en la cara sin que le temblara un solo músculo, y encima, era capaz de manipularla psicológicamente para hacerse la víctima.

—Tienes razón, la confianza es lo más importante en un matrimonio. De ahora en adelante ya no me meteré en los asuntos laborales que tengas con Nina. Pero tú también tienes que prometerme algo: no me mientas. Si pasa algo, dímelo. No quiero sentirme como una tonta a la que le ocultan la verdad.

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