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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 76

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

—¿Y tú quién eres?

Una voz masculina resonó a sus espaldas.

Elara se quedó petrificada.

Era el tipo que había regresado del baño.

*Maldición, ¿la descubrieron?*

—Te hice una pregunta, ¿qué haces husmeando en nuestra puerta?

Por el tono de voz, era evidente que no la había reconocido.

Tenía sentido; solo se habían visto una vez y, en ese momento, ella estaba de espaldas a él.

Elara bajó la cabeza apresuradamente, escondiendo el rostro bajo la sombra de la visera de la gorra. Se giró rápidamente para que la oscuridad del pasillo ocultara sus facciones.

—Buscaba a alguien, pero me equivoqué de puerta. Disculpe.

Sin darle tiempo a responder, caminó a paso rápido hacia la zona del salón principal.

Al llegar a la esquina que separaba el pasillo del salón, se arriesgó a echar un vistazo por encima del hombro. El pasillo estaba vacío; el hombre ya había entrado a la sala privada.

Elara se llevó una mano al pecho, sintiendo cómo el corazón le latía a mil por hora. Había estado a un segundo de arruinarlo todo. Si Dylan se enteraba de que lo estaba siguiendo, jamás volvería a descuidarse frente a ella y no podría obtener las pruebas del engaño.

Como era obvio que Nina no aparecería por allí esa noche, no tenía sentido seguir arriesgándose. Salió del bar y condujo de regreso a Bahía Dorada.

Al llegar, se aseó rápidamente y fue a dormir a la habitación de su hija. Si Dylan no había ido a buscar a su amante, lo más seguro es que regresara a casa. Volver a compartir la misma cama con él le daba náuseas.

Al día siguiente, Elara se enteró por la empleada, Marta, de que Dylan efectivamente había dormido en casa, pero que había desayunado temprano y se había ido directo al Consorcio Lucero. Como ella se había levantado tarde, no se cruzaron.

Al mediodía, Elara le pidió a Marta que le guardara algo de la comida recién hecha, la metió en un termo elegante y se dirigió a las oficinas de su esposo.

Casi nunca pisaba el edificio de la empresa. Una visita sorpresa podía darle resultados muy interesantes.

Aurora le había mencionado que Nina estaba a cargo del nuevo proyecto conjunto entre las dos corporaciones y que se la pasaba metida en las oficinas de Dylan. Si la noche anterior ella lo había llamado y él no fue a verla, era muy probable que la buscara hoy en su territorio.

Al salir del ascensor privado, vio a la recepcionista en su puesto.

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