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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 88

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Nina lo miró con el rostro lleno de dolor, con las lágrimas a punto de desbordarse. Aunque se veía destrozada, asintió con docilidad.

—Está bien.

Dylan dio media vuelta para marcharse.

Nina lo tomó del brazo.

—¿Te puedes quedar conmigo un ratito más? Solo un momento, por favor.

Él frunció el ceño con irritación.

—No abuses de mi paciencia.

Nina lo soltó de inmediato, asustada.

Dylan se alejó sin mirar atrás.

Elara se quedó petrificada, aferrada a su teléfono.

*¿En serio eso fue todo?*

Ni abrazos, ni besos, absolutamente nada íntimo. Con ese video no podría probar ni de broma que tenían una aventura.

Pero no era el momento de lamentarse; tenía que regresar a la cama antes de que él volviera.

Salió rápidamente de las escaleras de emergencia y logró llegar a su cuarto justo a tiempo. Segundos después, Dylan entró por la puerta. Elara respiró hondo y continuó comiendo como si nada hubiera pasado.

Al acercarse, ella notó un ligero olor a tabaco en su ropa.

*Qué precavido.* Seguramente se fue a fumar un cigarro para disfrazar cualquier rastro del perfume de Nina.

Esa noche, Dylan se quedó a dormir en el hospital. Elara notó que el teléfono de él sonó un par de veces—seguro era Nina—, pero él lo ignoró.

Eso dejó a Elara frustrada toda la madrugada.

*Ya la engañó, ¿para qué finge ser un esposo ejemplar ahora?*

A la mañana siguiente, mientras Elara desayunaba, el celular de Dylan sonó con el tono de un mensaje.

Ella echó un vistazo rápido de reojo. Era un mensaje de texto. No logró ver quién lo enviaba ni la imagen adjunta, pues fue demasiado rápido.

Pero sí vio la reacción de él: su rostro se tensó de inmediato y se puso de pie de un salto. Caminó hacia la puerta y, tras dar un par de pasos, se detuvo como si apenas recordara que ella estaba ahí.

—Elara, me surgió una urgencia, tengo que... —empezó a decir.

—Ve tranquilo, yo me las arreglo sola —lo interrumpió ella, mostrando su mejor faceta de esposa comprensiva.

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