Bajé del avión casi corriendo, no me
importó las horas de vuelo con mi pánico a tener un
accidente que casi hace que vomite el sándwich que me había comido a toda prisa
en el aereopuerto antes de despegar, mi compañero de vuelo vio mi cara de niña
del exorcista y pidió otro sitio seguramente por miedo a que mi
fluidos intestinales acabaran en su traje, lo que hubiera
sido lo más probable, tampoco me importaba el niño que tenía detrás y no me
paraba de dar patadas en el asiento ( menuda mierda de vuelo de bisness) y al
que casi tiro por la ventana del avión, ni siquiera el hecho de que las grandes
turbulencias del avión me hicieran pensar que iba a morir ahí mismo y apesar de
que la azafata me decía que sólo eran unas leves turbulencias por el viento yo
ya me estaba poniendo la mascarilla de oxigeno y escribiendo mi testamento.
Todo eso se vió compensado en cuanto
aterricé y conseguí decirme a mi misma
que había sobrevivido y no había acabado en una isla
desierta a lo perdidos, por fin había llegado el día en el que los exámenes y
trabajos me daban un respiro y podía ir a ver a Ignacio
La universidad me estaba gustando,
aunque los primeros días los pasara a
lo niña del pozo deambulando, llorando
y diciendo el nombre de Ignacio por
las esquinas (Soy una chica fuerte e
independiente y esto no es muy digno
pero por favor un poco de compresión).
Grace y Aiden estan en Harvard conmigo, Grace estudiando
publicidad y relaciones públicas y Aiden marketing.
Yo en cambio había decidido estudiar empresariales, desde
pequeña me veía en un gran despacho dirigiendo, en reuniones con directivos
internacionales, tomando el control de la empresa de mis padres...
Aunque en un principio decidí llevar una vida solitaria y
oscura no tardé en ser arrastrada por el mundo universitario de las fiestas y
hermandades.
Conocimos a Megan y Harper y poco a poco me fui adaptando
hasta el punto actual en el que adoro la universidad.
Pero la mejor parte de mis días es
después de comer, cuando exactamente
a la misma hora Ignacio me llama y nos
quedamos hablando hasta que me obliga a colgar para que
estudie, es bastante probable que si el no dijera nada me pasaría hablando
horas y luego me esperaría una larga cola de suspensos.
Pero volviendo al tiempo real, corrí cómo el correcaminos
por todo el aereopuerto, me perdí unas cinco veces, atropellé a alguna abuelita
con la maleta hasta que por fin conseguí salir de ese barullo de gente hablando
en un idioma desconocido pero tremendamente bonito (me podrían estar llamando
idiota que si me lo dices en italiano me quedaré mirándote mientras se me cae
la baba) lo vi a lo lejos y comencé a echar una carrera en plan Usain Bolt
hasta que llegué a su lado, le salté encima y le empecé a llenar la cara de
besos.
- Te he echado tanto de menos!.- Le dije y el Sonrió,
me revolvió el pelo cariñoso y me dió otro beso pero yo no dejé que fuera corto
y lo seguí introduciendo la lengua
-Espera a casa pequeña fiera, no sabes lo que necesito estar
entre tus piernas pero en Italia lejos de lo que puedas pensar no está bien
visto hacer eso en público-dijo desviándose de mi boca hasta mi oreja y
mordisqueo levemente el lóbulo.
-Echaba de menos tus ironías- respondi
riendo.
Me dió un beso en la mejilla y cogió mi
equipaje.
-Arnold está aparacado allí, de aquí a casa se tardan unos
veinte minutos te podré ir explicando algo de la ciudad.
Yo ya he estado en Roma pero supongo
que me gusta verle ilusionado con la idea de que me iba a
enseñar el lugar.
Me llevó al aparcamiento y distinguí
a Arnold y su limusina entre todos los
coches, Me dedicó una mirada de arriba a abajo y cogió mis
maletas.
-Creo que no le caigo muy bien-susurré
mientras me ponía el cinturón.
- Tiene un carácter peculiar no se lo tengas en cuenta.
El coche arrancó y Ignacio comenzó a
explicar cada detalle que podíamos ver
por la ventana.
-¿Cómo es que estás haciendo derecho y
no historia del arte?-bromee,



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esa virgen es mia