El recuerdo se cortó de golpe. El rostro de Amaya ardía como fuego y una extraña culpa se apoderó de ella.
Recordó vagamente haber dicho un montón de tonterías. Casi todas eran frases que Jimena repetía a diario y que ella, borracha, había imitado sin pensar.-
Ay, Dios...
Al final de la cita a ciegas, solo para salvar un poco su orgullo, le había dicho a Liam con total seriedad: «Abogado Campos, no tengo el menor interés en usted, puede estar tranquilo».
Su dignidad estaba destrozada.
Amaya se llevó la mano al pecho y se dio un par de golpecitos.
Ella sabía desde el principio que alguien como Liam jamás se fijaría en ella.
Lo que no le había dicho esa tarde, era que también había escuchado un rumor: Liam mantenía oculta a una novia que su familia jamás aceptaría, y por eso casi lo habían desheredado.
Por eso esta mañana él se había largado sin siquiera despedirse.
Esa frialdad después de haber intimado tanto era lo que más dolía.
Seguramente temía que ella se obsesionara con él.
Amaya sacudió la cabeza, intentando espantar todos esos pensamientos absurdos.
—Da igual, solo fue una noche de sexo.
Considerando las circunstancias y el esfuerzo monumental que él había hecho anoche, no era ella quien salía perdiendo.
...
—Abogado Campos, los documentos que pidió ya están organizados. El caso parece un poco complicado —un joven abogado le entregó un montón de carpetas a Liam.
Él las hojeó rápidamente.
—Bien. Lévame primero a ver al médico que atendió hoy a nuestro cliente.
Caminó hasta detenerse fuera del consultorio. Casualmente, vio a Amaya ahí dentro.
Tenía la espalda erguida, y bajo su sencilla camiseta blanca se marcaba una cintura fina.
Liam recordó de pronto el ardor de la noche anterior. Ella enredada bajo su cuerpo, con aquellos ojos llorosos, derretida de pasión.
«El hombre decente da la cara, y el cobarde esconde la vara...»
Un brillo casi imperceptible de diversión cruzó por sus ojos.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por Contrato, Amante por Deseo