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Esposa por Contrato, Amante por Deseo romance Capítulo 2

El hombre evaluó la ropa y el porte de Liam. Intuyendo que era alguien rico o poderoso a quien no le convenía ofender, se alejó soltando insultos entre dientes.

—Gracias —susurró Amaya, casi sin aliento.

—Te llevo a tu casa —respondió Liam frunciendo levemente el ceño, mirando desde arriba a una Amaya tan ebria que apenas se mantenía en pie.

—¿Te mandó Jime? —como no obtuvo respuesta, Amaya balbuceó—: Jime es tan buena...

Los labios de Liam se apretaron en una línea fina mientras hacía girar el celular entre sus dedos.

Amaya miraba el video de seguridad sintiendo que le latían las sienes.

La razón por la que había bebido tanto la noche anterior era porque su padrastro le había informado que la casaría con un hombre mayor, divorciado. El sujeto tenía éxito en los negocios, pero corría el rumor de que era un abusador.

Amaya no quería casarse.

Pero su madre le rogó que obedeciera, recordándole que su padrastro las había mantenido todos estos años y que, para una chica de origen humilde, convertirse en una señora de la alta sociedad ya era una bendición.

A medida que el rostro de su acompañante de una noche se volvía más claro en su mente, las escenas posteriores a su salida del bar comenzaron a inundar su memoria.

Recordó cómo la dejaron sobre la cama. De pronto se vio hundida en un suave edredón de plumas, mientras a su alrededor todo zumbaba como un enjambre de abejas.

Las sombras de dos personas se entrelazaban en su cabeza y una extraña opresión se instaló en su pecho. No sabía si era tristeza o rabia.

Desde que había llegado a la familia Lozano, rara vez se permitía sentir algo así.

Le aterraba morir.

Siempre había vivido siendo cautelosa y obediente.

Y justo por eso, todos creían que podían pisotearla a su antojo.

En medio de su embriaguez, Amaya había abierto los ojos con esfuerzo y observado la espalda de Liam.

Una figura imponente. Hombros anchos y perfectos.

Qué guapo.

En ese momento, decidió que no sería una presa fácil.

Liam se había desabrochado el saco y regresado con un vaso de agua tibia. Le dio unas suaves palmaditas en el hombro.

—Toma un poco de agua.

Amaya percibió un aroma fresco y varonil a pino. Su mirada viajó lentamente desde el rostro de él hasta sus manos.

—Dámela tú en la boca —ronroneó ella.

Los labios de Liam se curvaron hacia arriba, observándola con evidente interés.

—Estás muy borracha.

—El hombre decente da la cara... y el cobarde esconde la vara... —Amaya se levantó de golpe y agarró el cinturón de Liam, intentando zafarlo con torpeza.

Capítulo 2 1

Capítulo 2 2

Capítulo 2 3

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