Pero Isaac estaba dispuesto, uno disfrutaba pidiendo y el otro dando.
A Isaac le apasionaba la moda desde pequeño y tenía un gran talento para el diseño.
Cuando Valeria fue llevada a la familia Moreno, no tenía ni idea de etiqueta ni de cómo vestirse para los eventos de la alta sociedad, y a menudo era el hazmerreír de las mujeres ricas, que la tachaban de "vulgar".
A Isaac le dolió ver así a su hermana, así que se fue al extranjero a estudiar diseño de imagen, solo para que Valeria pudiera presentarse con confianza ante los demás.
Y a lo largo de los años, de verdad logró que Valeria luciera deslumbrante y se ganara un lugar firme en la élite.
Por su parte, Mateo era el presidente del Grupo Moreno. Aunque joven, dirigía las operaciones principales y, con su carácter serio, gozaba de gran prestigio en el mundo empresarial.
Pablo era abogado, también muy respetado en su campo. Tenía su propio bufete y, al mismo tiempo, se encargaba del departamento legal del grupo.
Los tres hermanos eran brillantes y adoraban a Valeria.
Valeria era experta en fingir, así que lograba que todos estuvieran a sus pies.
En los años que Alba estuvo desaparecida, ella tomó su lugar.
Por eso, Alba, la verdadera heredera con sangre Moreno, terminó convirtiéndose en alguien que sobraba.
Elena frunció el ceño.
—¡Pero usted es la verdadera hija de la familia! ¡Él es su hermano de sangre! ¿Por qué trataría así a una impostora...?
Alba dejó escapar una risa suave.
—Tal vez la impostora sabe cómo manipular a la gente, y yo soy demasiado terca. Bueno, se hace tarde, volvamos.
Pronto, Alba se olvidó del incidente.
Apenas llegó a la mansión, recibió una llamada de Liam.
—¿Disfrutaste tu día de compras? —preguntó él, con su voz grave y seductora.
Alba se dejó caer perezosamente en el sofá y respondió con naturalidad.
—Estuvo bien, aunque me topé con un par de moscas molestas.
Liam rio por lo bajo.
Valeria, con los ojos llorosos, intervino con voz suave.
—Isaac, no te enojes. Alba... quizás solo está un poco confundida...
—¿Qué? ¿Me están diciendo que esa desgraciada se atrevió a hacer algo así? —estalló Eduardo, enfurecido.
—Amor, cuidado con la presión —trató de calmarlo Sara—. Y tú, ¿qué fue lo que pasó?
—Mamá, hoy nos encontramos a Alba en el centro comercial. Compraba marcas de lujo sin pestañear y, para colmo, tiene una tarjeta negra. Es obvio que se la dio su amante —dijo Isaac, echando humo.
—¡Qué barbaridad! Esa hija rebelde no tiene vergüenza, solo nos hace pasar humillaciones —se lamentó Sara, dándose golpes de pecho—. Si desapareció, debió morirse por ahí. Así no nos estaría manchando el apellido.
Eduardo bufó con frialdad.
—¡A partir de hoy, Alba no existe para la familia Moreno! ¡Lo que haga no tiene nada que ver con nosotros!
Valeria bajó la cabeza para ocultar la satisfacción en sus ojos.
*Alba, esta vez quiero ver cómo te recuperas de esto.*

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