—No olvides que, al final del día, llevas nuestra sangre. Si las acciones de los Moreno se desploman, tú, como una de las accionistas principales, también vas a perder. —Mateo intentó amenazarla usando a la familia.
A Alba le importó un comino; su paciencia se había agotado por completo.
—Si no quieren pedir disculpas, adiós. Y no me vuelvas a acosar por teléfono.
Alba estaba a punto de colgar, y esta vez, Mateo lo presintió, por lo que se apresuró a gritar:
—¡Está bien, está bien! ¡Voy a encargarme de que Valeria se disculpe en público con ustedes, pero asegúrate de que Claudio Jaramillo cancele la demanda!
Dicho esto, cortó la llamada de inmediato.
Ya le habían colgado el teléfono varias veces; esta vez, necesitaba colgar él primero para recuperar un poco de orgullo.
El hecho de haber cortado la llamada antes que ella le dio una retorcida, pero patética, sensación de triunfo y venganza.
Él sabía muy bien que, aunque ignoraran el escándalo, la gente daría por hecho que el playback era real.
Como el resultado no iba a cambiar mucho, su única opción era lanzar a Valeria a los lobos para apagar el incendio mediático y minimizar los daños para el Grupo Moreno.
—Mateo, ¿me estás pidiendo que me humille ante Alba y Rosalía en público?
¡¿Acaso te volviste loco?!
Valeria, al enterarse de la noticia, casi escupe esa última frase.
Aunque logró morderse la lengua, seguía sin poder creerlo; abrió los ojos de par en par, casi como si tuviera un ataque de pánico.
Había jurado que su hermano mayor movería cielo y tierra con el departamento de relaciones públicas y los directivos para limpiar su nombre, y que recogería su desastre como siempre lo hacía.
¡Jamás imaginó que él la ofrecería como sacrificio para detener la guerra!
—No hay otra opción, las cosas han llegado a un punto crítico. Si no hacemos esto, Claudio Jaramillo y Liam Góngora nos van a hundir.

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