Al escuchar las palabras de este idiota de su hermano, a Mateo le dieron ganas de abrirle la cabeza ahí mismo para ver si la tenía llena de basura.
De lo contrario, no se explicaba cómo parecía estar embrujado, adorando a Valeria como si fuera una santa.
Pero al verlo en ese estado, recordó que él mismo solía ser así de estúpido en el pasado.
Sinceramente, recordar eso lo dejaba sin palabras.
—Pues protégela bien tú entonces —dijo Mateo, riendo con frialdad. Interrumpió de golpe la autocompasión de su idiota hermano y no olvidó meter a Patricio en el asunto—: Tú y Patricio cuídenla muy bien, especialmente tú, Patricio. Eres su prometido, si no te portas a la altura, ten cuidado, porque cuando tu mamá se entere, te va a ir muy mal.
La etiqueta de «niño de mamá» llevaba años pegada a Patricio.
Como su antiguo compañero de clases, Mateo obviamente estaba al tanto de ello.
Ya que Valeria lo había tratado como un idiota durante tanto tiempo, ahora que él había abierto los ojos, no iba a dejar que los demás vivieran en paz.
—¡A mí qué me importa, yo también soy una víctima aquí! ¡Es la hermana de ustedes, son ustedes quienes deben cuidarla muy bien!
¡Simplemente no la dejen salir a hacerle daño a los demás!
Patricio Quintana respondió al instante, casi como un reflejo condicionado.
Especialmente al recordar la vez en el crucero, cuando su propia madre le tendió una trampa y lo obligó a atarse a esa mujer.
Antes no le parecía que Valeria tuviera nada de malo; de hecho, la consideraba muy tierna y comprensiva, alguien que sabía ser atenta y afectuosa.
Por el contrario, sentía que Alba Moreno era demasiado terca, que no sabía complacerlo y que no tenía el encanto de Valeria.
Sin embargo, desde que cancelaron el compromiso y marcaron su distancia, cada vez le parecía que Alba brillaba más y se volvía más atractiva.
A veces, Patricio no podía evitar preguntarse si esa mujer lo hacía a propósito, ocultando sus verdaderas cualidades intencionalmente.
Y luego, al deshacerse del compromiso, por fin mostró su verdadera cara.
Ya no quería seguir perdiendo neuronas. ¿Acaso no veía que Alba ya se estaba riendo de ellos?
Justo cuando Mateo estaba a punto de decir algo más, vio a Valentina Navarro salir de uno de los salones privados.
Junto a ella salió un hombre, una cabeza más alto que ella y con facciones bastante similares.
—Valen, ¿qué haces aquí? Tú casi no toleras el alcohol, ¿qué estás tomando?
Mateo, que hace un momento se reía de Patricio por entrometerse, ahora al ver salir a su ex prometida con ropa tan ligera y atractiva, no pudo evitar querer controlarla.
—Qué te importa lo que haga aquí, ya rompimos nuestro compromiso hace tiempo, mis asuntos no son de tu incumbencia.
Valentina Navarro, quien siempre había sido tierna y rara vez alzaba la voz, ahora que pasaba tiempo con Alba Moreno, se había vuelto mucho más firme.
—Albita, ¿a qué hora llegaste? Si hubiera sabido, te invitaba a tomar algo con nosotros.

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