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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 346

Finalmente, Eduardo cerró la reunión con esa frase y se dio por terminada la junta.

Al escuchar las palabras de su padre, Mateo no podía creerlo.

¿No se suponía que antes él también rechazaba tajantemente a Alba, dejándose llevar de las narices por Valeria al igual que su madre?

¿Cómo es que ahora parecía haber cambiado de opinión?

—Papá, ¿de verdad vas a dejar que Alba vuelva?

En cuanto terminó la reunión, Mateo lo siguió de inmediato hasta llegar a la oficina de presidencia.

—¿Acaso fui yo quien lo decidió? ¿No es esto exactamente lo que pedían a gritos los accionistas y la directiva? —respondió Eduardo alzando una ceja.

—Oh. —Resultó que no era que su padre hubiera abierto los ojos, sino que los accionistas habían presionado.

—¿Y qué va a hacer ella aquí? No tiene ni idea de los proyectos centrales del corporativo. A lo mucho, puede ser una accionista que no haga nada y tener un puestecito tranquilo.

Desde que Mateo descubrió la faceta manipuladora y falsa de Valeria, de repente comenzó a darse cuenta de lo excepcional que era su verdadera hermana.

No es que no quisiera arreglar las cosas con ella, sino que Alba simplemente no quería tener nada que ver con él, y su propio orgullo le impedía dar el primer paso y disculparse.

Aún albergaba la leve esperanza de que, algún día, cuando la verdadera cara de Valeria saliera a la luz por completo, Alba volvería a su lado.

Seguramente, solo sus dos idiotas hermanos y su par de padres ciegos seguirían creyendo, como siempre, que Valeria era la hermanita dulce y cariñosa.

—Bueno, por tu hermana no tienes que preocuparte. Te aseguro que en cuanto pise la oficina, habrá muchos dispuestos a recibirla y apoyarla.

Tras decir eso, Eduardo cambió radicalmente de tema y añadió:

—En cambio, Valeria... ya no tiene futuro en la industria del entretenimiento. Su única opción ahora es venir a trabajar al Grupo Moreno.

—¿Ella? ¿Con su reputación por los suelos y siendo el hazmerreír de todos, todavía se atreve a venir? ¿Y tú en serio piensas meterla aquí?

Mateo miró a su padre con total incredulidad. Pensaba que a Eduardo le habían lavado el cerebro igual o peor que a sus idiotas hermanos.

—Ya encontraré la forma de integrarla a la empresa. Cuando lo haga, quiero que la vigiles de cerca.

Eduardo había estado dándole vueltas a la idea de quién sería la mejor persona para vigilar a Vale, y finalmente había encontrado al candidato perfecto.

Era un alivio ver que su hijo mayor finalmente estaba pensando con claridad. Nadie mejor que él para encargarse.

—Ja —soltó Mateo con un bufido frío.

Por un momento pensó que su padre había despertado, pero resultó ser pura imaginación suya.

¿Y todavía quería que él le hiciera de niñero a esa tipa? ¿Acaso seguía creyendo que él era el mismo de antes?

Lo más probable es que si sus estúpidos hermanos se enteraran, saltarían de alegría y se pelearían por ser ellos quienes cuidaran a esa mujer insoportable.

En una zona residencial a las afueras de la ciudad.

—Eduardo, siempre me dijiste que yo era el gran amor de tu vida y que te sentías culpable por habernos mantenido en las sombras. ¿Y ahora resulta que es tan difícil meter a nuestra propia hija al corporativo?

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