Grupo Moreno.
—Director Moreno, la cosecha de este trimestre ha tenido un rendimiento pésimo, tanto en volumen como en calidad, muy por debajo de nuestras proyecciones.
—Y lo que es más preocupante: las especies raras que cultivamos con tanto cuidado en los invernaderos están enfermando masivamente.
—Varias de las plantas más valiosas ya muestran signos claros de marchitarse.
—Si esta tendencia continúa, me temo que las materias primas que debemos entregar al Estado y a nuestros laboratorios asociados sufrirán un recorte drástico este año.
—Si la situación empeora, no pasará mucho tiempo antes de que perdamos nuestra ventaja competitiva y nuestra posición como líderes del mercado.
Hoy, en cuanto Eduardo llegó a presidir la junta directiva, fue bombardeado con malas noticias por todos los frentes.
Ni un solo informe le dio un respiro.
—¿Y acaso tienen alguna solución? Solo saben hablar y hablar. ¡No les pago para escuchar quejas, exijo soluciones!
Eduardo soltó un rugido furioso, y de inmediato todos los presentes encogieron los hombros y guardaron un silencio sepulcral.
¡Tsk, un montón de inútiles!
Para quejarse y señalar culpables eran muy buenos, pero cuando se trataba de proponer una solución, nadie abría la boca.
Los supuestos expertos que habían contratado a principios de año por una fortuna resultaron ser unos incompetentes. No lograron cambiar el rumbo en absoluto; lo único que sabían hacer era organizar reuniones de alto presupuesto.
Aunque la situación no había empeorado dramáticamente, tampoco hubo ningún avance.
¡No servían para nada!
Eduardo estaba pálido de rabia. Sus puños se apretaron con tanta fuerza que las venas de su frente parecían a punto de reventar.
—La señorita Alba ya aceptó regresar. Estoy seguro de que ella encontrará la forma de resolver esto.
En ese momento, Iván habló de manera oportuna.

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