En el fondo, cuando Alba salió a buscar a Valeria, no lo pensó demasiado.
Habría hecho lo mismo por un completo desconocido.
Lo que nunca imaginó fue que Valeria tuviera el alma tan podrida; le había salvado la vida y ella le pagaba con traición.
Alba obligó a su mente a calmarse. Echó un vistazo al abismo bajo sus pies y se preparó para lo peor.
Valeria ladeó la cabeza, esbozando una sonrisa cargada de falsa inocencia.
—Hermana, no me culpes a mí. Esta es una oportunidad que el destino me está regalando.
—Valeria, el karma existe. Allá arriba hay un Dios que todo lo ve, y vas a pagar por esto —sentenció Alba.
—¿El karma? Jajaja, nunca he creído en esas cosas. Hermana, que Dios se apiade de ti. Pero no te preocupes, iré a buscar ayuda. ¡Solo tienes que aguantar un poco más! —se burló Valeria con soberbia.
—Tú...
En ese instante, la enredadera crujió, incapaz de soportar el peso.
Las manos de Alba se aferraron rápidamente a otra rama.
La lluvia arreciaba cada vez más.
Valeria se puso de pie y, sin dudarlo, pisoteó con fuerza las manos de Alba.
—¡Muérete!
Un dolor agudo recorrió las manos de Alba, obligándola a soltarse.
En un abrir y cerrar de ojos, su cuerpo cayó en picada hacia el vacío.
Al verla caer, Valeria soltó una carcajada de triunfo.
Era perfecto. Una caída desde un acantilado tan alto seguramente la dejaría hecha pedazos.
Se asomó al borde con cuidado. Abajo solo había una oscuridad insondable y aterradora.
Con esa confirmación, Valeria se dio la vuelta y se alejó con total tranquilidad.
Jamás imaginó que aquel reality show le traería una victoria tan grande.
Ahora que Alba había desaparecido, su camino estaba completamente libre.
Ya no tendría que preocuparse de que compitiera con ella por nada.
Solo ella, Valeria, sería la única y verdadera heredera de los Moreno, y la futura esposa de Patricio Quintana.
Mientras más lo pensaba, más feliz se sentía.
Alba se adentró en la cueva y notó que era bastante espaciosa; parecía estar conectada con la espesura de la jungla al otro lado.
De repente, le llamó la atención una serie de extraños símbolos grabados en la pared.
Al acercarse, ¡se dio cuenta de que eran las marcas del equipo de producción!
A Alba se le iluminaron los ojos. Siguiendo las señales talladas en la roca, palpó las paredes hasta encontrar una caja de suministros oculta.
La caja estaba llena de comida y botiquines de primeros auxilios.
¡Ese tenía que ser el tesoro del que hablaba el director!
Encontrar esos suministros significaba haber cumplido la misión final.
¡Era increíble!
Había ganado el premio mayor sin siquiera buscarlo.
Mientras tanto, Valeria llegaba tropezando a la cueva donde estaban las demás. Al verla, todas se acercaron a ella de inmediato, llenas de preocupación.
—Valeria, ¿ya regresaste? ¿Dónde está Alba? Salió a buscarte, ¿la viste? —preguntó Camila frunciendo el ceño al notar que venía sola.
—Mi hermana... ella... se resbaló y cayó por el acantilado...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada