—De acuerdo, pero recuerda bien tus palabras, porque si me traicionas, pagarás las consecuencias.
Liam Góngora no tenía intenciones de seguir perdiendo el tiempo con él. Aceptó el trato sin dudar, se levantó y se marchó de la mansión Góngora.
Gregorio no podía creer que ese hombre tan calculador hubiera accedido con tanta facilidad.
Al parecer, esa tal Alba Moreno era de suma importancia para su sobrino.
Perfecto. Esto significaba que tendría infinidad de oportunidades para atacarlo usándola a ella en el futuro.
El inquebrantable Liam Góngora por fin tenía una debilidad. ¡Era como si el destino estuviera de su lado!
Mientras tanto, Liam ya estaba en su auto alejándose de la mansión cuando su teléfono comenzó a sonar.
—¿Por qué le diste el proyecto de la nueva zona a Gregorio? Es una inversión crucial, si se la entregas así nada más, ¡terminará arruinándolo todo!
E incluso si no lo llevaba a la ruina, lo iba a dejar en un desastre total.
—No te preocupes, sé perfectamente lo que hago. Solo estoy aprovechando la oportunidad.
Liam no era ningún ingenuo. Cada uno de sus movimientos estaba fríamente calculado dentro de su plan.
—¿Lo hiciste a propósito? ¿Estás usando su propio peso en su contra?
La persona al otro lado de la línea era astuta y comprendió la jugada de inmediato, soltando un suspiro de alivio.
—Está bien, si lo tienes controlado, me quedo tranquilo. Te dejo para que sigas con lo tuyo.
Liam cortó la llamada y aceleró el auto, perdiéndose en la distancia.
Quería ir a ver a Alba. Si se presentaba sin previo aviso y con su mejor cara, ¿tal vez ella dejaría de estar enojada?
Pero el asunto de su supuesto compromiso aún no estaba resuelto por completo.
Lo más prudente sería esperar a tener todo bajo control antes de buscarla. Si iba ahora, lo más probable era que las amigas de Alba le gritaran hasta cansarse.
En la mansión de la familia Jiménez.

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