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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 508

Alba esbozó una sonrisa macabra y apretó el agarre con mayor fuerza.

—Puedes probar si me atrevo o no.

Y con eso, aumentó la presión. El rostro del viejo pasó del rojo al morado, mientras sus pulmones rogaban por una pizca de aire.

Justo cuando estaba al borde del desmayo, Alba aflojó sus manos.

El hombre inhaló desesperadamente, tosiendo y mirándola con una mezcla de pánico y odio profundo.

Alba se puso de pie, se sacudió el polvo de la ropa y lo fulminó con una mirada fría desde las alturas.

—A partir de ahora, vas a hacer exactamente lo que te diga y me sacarás de este lugar. Si intentas hacerte el listo, te juro que desearás no haber nacido.

Aterrado, el desgraciado no tuvo valor para replicar y asintió frenéticamente.

Acto seguido, Alba lo obligó a subir de nuevo al triciclo y a conducir.

Durante el trayecto, él no dejaba de lanzarle miradas asustadizas por el retrovisor.

No se atrevió a hacer otro movimiento en falso, y mucho menos a desviar la ruta. ¡Sabía que la que terminaría enterrándolo en ese monte sería ella!

Poco después, el cacharro ruidoso finalmente llegó a la entrada del pueblo.

Al alcanzar su objetivo, Alba agarró al viejo, lo arrastró hasta un árbol y lo amarró fuertemente, dejándolo a su suerte.

Si no tuviera tanta prisa por salvar a Tamara, lo habría arrastrado directo a una comisaría.

Por ahora, se quedaría ahí. Una vez que resolviera su problema, volvería por él para entregarlo a las autoridades.

Dejar libre a una alimaña como esa era condenar a la próxima joven que se cruzara en su camino.

Ignorando los alaridos del hombre, que gritaba como un cerdo en el matadero, Alba se limpió las manos, se subió al triciclo y reanudó la marcha.

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