A pesar de la excelente relación que las familias Jiménez y Góngora habían mantenido durante años, Doña Susana jamás había pasado de llamarla simplemente "Silvia".
Ese marcado contraste hizo que Silvia sintiera una punzada de dolor en el pecho.
Clara Serrano era la única que no había abierto la boca, quedándose quieta como un adorno más en la sala.
¡Pensó que alguien por fin pondría a Alba Moreno en su lugar, pero resultó que le habían traído a una defensora!
—Doña Susana, no... creo que me malinterpretó —dijo Bárbara, que siempre hablaba sin filtros y dejaba que todas sus emociones se reflejaran en el rostro.
Sin poder contenerse, soltó:
—¡Alba es una mosquita muerta muy calculadora! ¡No se deje engañar por ella!
—Hace poco engatusó a Liam para que cancelara el compromiso con mi prima, y ella ni siquiera se quejó de lo mucho que le dolió.
—¡Y ahora esta mujer se pasea por aquí como si nada, al lado de Liam! ¡Es indignante!
Bárbara escupió todas sus quejas, convencida de que esta vez Doña Susana reaccionaría, o al menos le daría un sermón a Alba.
Pero para su sorpresa...
—Sobre la cancelación del compromiso, ya escuché a la abuela mencionarlo. Es cierto que a Liam le faltó tacto.
Doña Susana por fin adoptó un tono serio al hablar del tema, pero de inmediato cambió el enfoque:
—Pero bueno, en cuestiones del corazón no se puede forzar nada. Forzar las cosas solo lastima a ambas partes.
—Yo lo apoyo totalmente: si te gusta alguien, lucha por ella; si no, sé claro y no hagas perder el tiempo a la otra persona.
Miró a su hijo con aprobación; al fin ese muchacho tonto había hecho algo como un verdadero hombre.


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