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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 60

El rostro de Eduardo se oscureció.

—¡Lana, no seas ilusa! ¡Ella hace tiempo que dejó de ser parte de la familia! ¿Con qué derecho sigue reteniendo las acciones del Grupo Moreno?

Alba soltó una carcajada seca, palmeó suavemente el dorso de la mano de Lana y la tranquilizó.

—Tía, no hagas corajes, tu salud es lo más importante.

Se puso de pie lentamente, y su mirada barrió a la familia Moreno como si fuera un bloque de hielo.

—Olvídenlo, no tendrán las acciones. Yo misma me encargaré de traer a la Doctora M para que opere a la tía Lana.

Mateo soltó una risa sarcástica.

—Alba, ¿de verdad crees que cualquier doctorcito puede salvar a la tía? El profesor Silva es el mejor especialista del país y hasta él admite que solo hay un cincuenta por ciento de probabilidades. ¿Y tú nos sales con que traerás a la Doctora M? Por favor, seguro vas a traer a un charlatán.

Valeria también fingió preocupación.

—Alba, la vida de nuestra tía no es un juego, no trates de hacerte la heroína...

Sara intervino, molesta.

—Alba, ¿tienes idea de lo difícil que es esta operación? Un mínimo error y habrá daño cerebral irreversible. Ahora Mateo tiene los contactos para convencer al profesor Silva. ¡Firma el contrato de una vez!

Todos hablaban al mismo tiempo, como si estuvieran recitando un libreto.

Alba los ignoró por completo.

Tomó el expediente médico y las tomografías que estaban a los pies de la cama y comenzó a estudiarlos con profunda atención.

Sus dedos delgados pasaban las hojas rápidamente, mientras su mirada se volvía afilada y concentrada.

El caso de su tía era sumamente complejo. El tumor estaba enredado en los vasos sanguíneos vitales; un error milimétrico y el paciente no saldría vivo del quirófano.

Muy pocos cirujanos en el mundo se atreverían a intentarlo.

Excepto ella, por supuesto.

Esa partida de idiotas de la familia Moreno creía que podían usar la vida de su tía para chantajearla. Eran patéticos.

La habitación quedó en un silencio absoluto, solo interrumpido por el sonido de las hojas al pasar.

Ella misma realizaría la intervención.

Recordó que el Hospital La Concordia pertenecía al Grupo Góngora, así que todo sería mucho más sencillo si le pedía el favor directamente a Liam.

Aceleró el paso.

Mientras tanto, la familia Moreno se quedó estupefacta al ver cómo Alba se marchaba sin más, aparentemente abandonando a Lana a su suerte.

Eduardo miró furioso hacia la puerta y empezó a maldecir.

—¡Lana, mira nada más a esa malagradecida de Alba! Tanto amor que le diste, y a la hora de la verdad te deja tirada.

Valeria aprovechó para echar más leña al fuego.

—Así es, tía. Jamás imaginé que Alba fuera una persona tan desalmada. No le importa si vives o mueres. Qué decepción tan grande.

Lana los fulminó con la mirada.

—¡Mi enfermedad no tiene nada que ver con Alba! ¡Lárguense todos de aquí! ¡Fuera!

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