Frida se apresuró a seguirla y preguntó en voz baja:
—Alba, ¿estás segura de que ese collar es falso?
Alba soltó una risa ligera:
—Por supuesto que es falso, pero como le gustó, se lo dejé. Al principio quería hacer una donación, pero quién diría que me quitaría la oportunidad.
Frida lo entendió de golpe:
—Entonces ya sabías que era falso, ¿y subiste el precio a propósito para dejar en ridículo a Valeria?
Alba no respondió, pero la frialdad en sus ojos lo decía todo.
¡Valeria se lo tenía merecido!
Frida aguantó la risa y se acercó:
—¿Viste la cara de Valeria? ¡Parecía que se había tragado una mosca!
El personal vio a Valeria allí pasmada y la apuró:
—Señorita Valeria, por favor, realice el pago ahora.
Valeria palideció.
¿De dónde iba a sacar quince millones? Si Eduardo se enteraba...
Así que no le quedó de otra que tragar saliva y buscar a Mateo.
—Yo... yo... necesito hacer una llamada —tartamudeó Valeria sin poder formular una frase completa.
Valeria llamó a Mateo a toda prisa.
Mientras esperaba a que llegara, se dejó caer en la silla, con los murmullos de las mujeres de la alta sociedad resonando en sus oídos:
—Escuché que la familia Moreno tiene problemas de liquidez últimamente...
—Valeria ni siquiera puede sacar quince millones...
—Los aretes que llevaba puestos hace un rato también parecían falsos...
—Qué ilusa, gastar tanto dinero en cosas falsas, ¿en qué estaría pensando?
—La gente quiere hacer donaciones, ¿tú qué sabes?
Diversos comentarios burlones no dejaban de llegarle.
Al escucharlos, Valeria sintió como si diez mil hormigas la estuvieran devorando por dentro; era una sensación insoportable.
Incluso si era falso, tendría que aceptarlo.
Originalmente era un evento de caridad, así que solo podía tomarlo como una buena obra.
Después de completar los trámites de pago, Mateo arrastró a Valeria y salieron rápidamente de la sala de subastas.
En cuanto subieron al auto, la interrogó severamente:
—¿Te volviste loca? ¿Gastar quince millones en un collar falso?
Mateo acababa de enterarse de que el collar era falso y estaba a punto de colapsar.
Si fuera real, vaya y pase.
¿Pero gastar tanto dinero en una falsificación?
—¡Fue Alba! Ella subió el precio a propósito... —gritó Valeria histéricamente.— Ella ya sabía que el collar era falso, pero aún así compitió conmigo. A mí me gustó mucho, así que...
La mirada de Mateo se afiló:
—¿Qué dices? ¿Ella se atrevió?
Valeria apretó los dientes:
—Mateo, ella misma lo dijo. Nunca pensé que Alba nos odiara tanto, nos está empujando al abismo. ¿Acaso debemos quedarnos de brazos cruzados?
Mateo se quedó en silencio por un momento y de repente soltó una risa fría:
—Por supuesto que no lo dejaremos así. Primero vamos a casa.

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