Desde que despertó en esa nueva realidad, no había vuelto a sentirse así de arropada. Resultaba que de verdad había alguien que la quería tanto, que con solo verla sufrir un poco, corría a ponerle el mundo entero a sus pies.
—Abuelo...
Al verla con los ojos rojos, a punto de llorar, Andrés se apresuró a consolarla:
—En unos días, cuando tengamos chance, te llevo a conocer el lugar. Me acuerdo que detrás de la propiedad hay unos manantiales; mandaré a que te hagan unas albercas para que te relajes en las aguas termales cuando no tengas nada que hacer. Y si te sientes muy sola, mando construir otra casa para que tu mamá y tu hermana te hagan compañía.
A Yolanda se le encogió el corazón y su expresión se enfrió de inmediato:
—No hace falta, abuelo, no necesito que me acompañen.
Era obvio que Claudia tramaba algo. Antes de solucionar ese problema, por ningún motivo podía enterarse de lo de Villa Castillo.
Ella aún era menor de edad y tenía muchas limitantes. Claudia era su tutora legal; si quería hacerle alguna jugada sucia, le resultaría facilísimo.
Andrés se sorprendió un poco. Antes, la niña siempre ponía a Claudia primero para todo. ¿Por qué actuaba tan raro hoy?
Como no quería que su cambio de actitud pareciera muy brusco, Yolanda se explicó:
—Abuelo, mi mamá tiene favoritismos. Ahorita no tengo ganas de lidiar ni con ella ni con mi hermana.
Al anciano de por sí no le agradaban las formas de Claudia, y solo le había aguantado sus cosas por consideración a las niñas. Al escuchar eso, asintió:
—¡Sale! Haremos lo que tú digas.
***
Después de comer el postre, Andrés le pidió a Yolanda que se quedara a cenar con él en el patio. Con compañía, el anciano estaba de mucho mejor humor, e incluso se comió media porción extra de arroz. Al ver eso, Ernesto sintió que la muchacha de los Aguirre por fin se veía más viva y más ligera.
El abuelo y la niña platicaron de todo un poco en el patio. Entre preguntas y respuestas, el ambiente era muy reconfortante.
Ernesto fue prudente y se retiró del patio en silencio. No había dado ni tres pasos fuera del jardín cuando vio a alguien acercarse por el pasillo.

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