Entrar Via

ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 29

La sala principal de la Villa Castillo estaba inusualmente concurrida. Las demás ramas de la familia ya habían llegado, y el personal de servicio iba de un lado a otro, preparando bocadillos y bebidas con una organización impecable.

Andrés tuvo cinco hijos varones, y ninguno era un don nadie.

El mayor, Renato, era el presidente de la cámara de diputados, con un poder político capaz de influir incluso sobre la presidencia y el sistema judicial.

El segundo, Héctor Castillo, se dedicaba a los negocios; su imperio abarcaba electrónica, finanzas, maquinaria, entretenimiento, productos químicos y farmacéuticos, teniendo un impacto brutal en la economía mundial.

El cuarto, Carlos Castillo, también era empresario, pero prefería los negocios de ganancias rápidas. El ochenta por ciento de los casinos, clubes, hoteles y centros nocturnos de Bahía Rosada le pertenecían.

El quinto, Marco Castillo, manejaba el lado oscuro de la familia. Se encargaba del comercio internacional y movía negocios turbios que no podían salir a la luz.

El más brillante de todos había sido Ricardo Castillo, quien no llegaba ni a los treinta años y ya era comandante general de la República de Valdoria. Pero también fue el más desafortunado: durante una operación en el extranjero, su cuerpo terminó en el fondo del mar. De no haber muerto, sin duda habría llegado a la presidencia de la República.

—Héctor, ¿qué pasó en la casa? ¿Por qué mi papá nos mandó llamar a todos tan de repente? —preguntó Elisa Castillo, enfundada en un vestido de diseñador de encaje morado, mientras revolvía su café distraídamente. Ella era la hija mayor de Andrés.

Héctor, el segundo de los hermanos, había heredado los rasgos finos de su madre. Aunque ya era un hombre maduro, no se veía nada viejo; de hecho, destilaba un atractivo único y elegante. De traje impecable y con la pierna cruzada, proyectaba una seguridad relajada.

—¿Cuál es la prisa? Ahorita nos enteramos.

Elisa lo miró de reojo, echó un vistazo a los demás y esgrimió una sonrisa diplomática.

—Oye, Carlos, supe que te quedaste con los terrenos de San José. ¿Qué tienes pensado hacer ahí? Isidoro trae un dinerito extra últimamente. ¿Por qué no nos juntamos a comer un día de estos y platicamos? Si hay algún buen proyecto, no te olvides de la familia.

Carlos, que estaba en plena plática con Marco, levantó una ceja al escucharla.

—¿De dónde sacaste ese chisme, Elisa? Los resultados de la licitación salen hasta la otra semana.

En realidad, todos sabían perfectamente quién se iba a quedar con el contrato. La respuesta de Carlos era una forma muy educada de mandarla al diablo. Elisa, que no tenía un pelo de tonta, le dio un traguito a su café.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA